DINÁMICA PARA LA ABUNDANCIA

DINÁMICA PARA LA ABUNDANCIA

¿Tienes la absoluta certeza de que eso que estás pensando o sintiendo o defendiendo es verdad? ¿De verdad qué es verdad? ¿Quién lo dice? ¿Qué te hace pensar que es verdad? ¿En qué te basas? Ni la verdad es la realidad, ni la realidad es la verdad, todo cuanto pensamos parte desde una mirada humana comprendida dentro de una vasija heredada de conceptos.

Maku Sirera Pérez (más…)

LAS LEALTADES INVISIBLES Y LOS CONFLICTOS

LAS LEALTADES INVISIBLES Y LOS CONFLICTOS

Seguro que habéis oído hablar del «miembro fantasma», a continuación os añado una definición de La Clínica Universidad de Navarra.

Trastorno del contenido de la conciencia corporal que se caracteriza por la sensación de persistencia de un miembro amputado.

Parece estar en relación con factores emocionales reactivos a la desaparición del miembro, con la irritación de los filetes nerviosos terminales de la zona amputada y, posiblemente, con la activación de la representación del miembro en el córtex.

Cuando el fenómeno se reduce a sensaciones dolorosas, que parecen originarse en la extremidad amputada, se habla de «dolor fantasma».

Pues bien, hago esta pequeña comparación para facilitar la comprensión de que, en ocasiones, no porque no veamos algo o porque creamos que algo en concreto no exista, nuestra mente inconsciente tenga la misma mirada o lógica. Cuando a una persona le amputan un miembro físico, no significa que éste deje de doler o de causar malestar en el cuerpo o que la mente deje de tenerlo presente. Aceptar, no sólo la decisión sino también la acción, tiene su tiempo y el resto del cuerpo tendrá que pasar por un proceso de adaptabilidad, para integrar la ausencia de este miembro. El cuerpo no olvidará que ese miembro amputado (excluido) existió y tuvo su conflicto, generó un drama, tuvo unas consecuencias y causó una serie de desequilibrios. A nivel emocional, también generará emociones fantasmas que derivarán en legados y herencias hacia sus descendientes. Ya sabéis que en el universo nada se destruye, toda energía está en constante transformación. De este tema os hablaré en otro post.

Las lealtades invisibles actuarían semejantes y, aunque no igual, se parecen mucho a esto que os acabo de explicar. El miembro fantasma «pertenece» sí o sí a un sistema global llamado cuerpo y que, aún cuando ya no está físicamente, éste sigue perteneciendo al mismo y forma parte de él. No por el hecho de que se haya amputado una parte, grande o pequeña, el cuerpo olvida, de hecho en ocasiones, si no se ha aceptado su presencia ausente,  cuando se hacen injertos o prótesis éstas son rechazadas. Sigue estando presente en la vida de la persona y de quien la rodea, cada vez que se mira o es observado, ese miembro tiene presencia. Llevando esto mismo a las lealtades invisibles, (podríamos aplicarlo a muchos más conceptos de las constelaciones familiares y el transgeneracional, aunque no es el tema que nos ocupa ahora), éstas habitan en nuestro inconsciente individual, unidas por un cordón umbilical imaginario al inconsciente familiar que nos permanece en la supervivencia y la completud del miembro familiar y todo su sistema. Desde muy lejos nos viene dada la vida, su fuerza y la pertenencia a la misma.

Estas lealtades no son conjuros, ni cosas extrañas al amanecer, ni nada parecido, ni tampoco espíritus de nuestros ancestros que se han quedado atrapados en cualquier lugar de nuestro cuerpo o nuestra casa. NO, es algo mucho más sencillo.

En la naturaleza, toda especie que no se adapta a las circunstancias y a su entorno, muere. Existen muchas formas de morir para el inconsistente, os recuerdo que el universo, como el inconsciente, tanto individual como colectivo o familiar, no entiende «ni de cuánto, ni de cuándo, ni de dónde, ni de quién, ni de tiempo ni espacio». Para él, que está creado con un «sí a la vida», el dolor, los traumas, los dramas, el sufrimiento, los secretos, etc, son una forma de morir,  que  intentará transformar para que esto  no suceda, es decir, que muramos, creando programas de solución a un conflicto vivido y no resuelto y que detona las alarmas de supervivencia dentro del clan o de la misma especie.

Imaginad por un instante. Si una abuela nuestra murió en el parto en plena guerra civil, dejando 3 hijos pequeños y este suceso se vivió como un gran drama, añadiendo que no se pudo hacer el duelo por las circunstancia mismas, por lo que no se puedo transcender, ni gestionar. A esos niños no se les explicó el suceso, ni la ausencia de la madre y el padre tuvo que hacerse cargo  de sus hijos y de todo el acontecimiento, (podríamos añadir más narrativa, sin embargo me parece que todo esto ya es suficiente para entender el escenario). Ese drama pudo programar el inconsciente del clan, generando creencias o programas de no tener hijos, provocando dificultad para que una o varias de sus nietas no puedan quedar embarazadas o generar una predisposición a tener hijos prematuros o cesáreas, etc. Esto será una solución que   el inconsciente generará para adaptarse y no tener que vivir una experiencia dramática de muerte en el parto o de pérdida de un neonato, regalándonos la oportunidad de sobrevivirnos a las siguiente generaciones. Es decir, si no tienes hijos, no mueres y la especie sobrevive, este sería el inconsciente de nuestro abuelo o de los hijos que han sobrevivido a esta experiencia, una información que por el drama en sí, queda impresa en las células y se transmite a  las generaciones siguientes para preservar la vida. En realidad, es una solución adaptativa que tiene que ver con el principio de la vida y de ese «sí» primario y biológico, sin embargo es una solución creada a través de un pensamiento impreso, que genera un programa inconsciente en el momento del suceso y que, si lo quieres mirar desde la mente racional no tiene lógica, puesto que si no tenemos hijos la especie se extingue, sin embargo, esto será otro conflicto que se gestionará de otra manera con otro programa.

No son rayos y centellas que nos mandan desde un lugar del universo para que no tengamos hijos, no, es una solución de adaptabilidad para que no muramos, así de sencillo. No existe nadie allá arriba enviándonos un maleficio, ni flechas envenenadas. No cabe la frase ¿Por qué me pasa esto a mí? quizá sería más amable  y menos doliente preguntarnos ¿Para qué me está sucediendo esto a mí?

La pregunta a cualquier conflicto que vivimos ahora y que no tiene explicación médica, ( o sí), o que lleva consigo un miedo desproporcionado, una reacción a un escenario desproporcionada, experiencias sin lógica aparente, etc podría ser, ¿Cuál sería el conflicto que sucedió con anterioridad a mi nacimiento y cómo se vivió, para que yo esté viviendo esta solución de adaptabilidad ahora?

Además de lo que os he comentado anteriormente, también es importante el orden dentro del sistema. Una experiencia como la que he descrito puede generar desorden, es decir, que una hija ocupe el lugar de la madre ausente y se haga cargo de sus hermanos y de su padre, esto, nada tiene que ver con la ayuda dentro de tu familia, estoy hablando de hacerte cargo de un lugar que no te toca como hija. Cada persona debe ocupar su lugar dentro del sistema familiar, un orden jerárquico y en equilibrio para que  la vida se de. Los hijos deben desarrollar el papel de hijos dentro del clan. Los adultos se encargan de los pequeños, no al revés y no dejan la responsabilidad en ellos, no se apoyan en ellos, son adultos y son los responsables de asumir el rol que le toque en ese momento. La vida viene de atrás, nos traspasa y sigue hacia adelante, no al revés. Si una persona desarrolla el papel de padre/madre con sus hermanos, tendrá dificultades para crear otra familia y desarrollarse en ella con sus propios hijos. Si tiene hijos, a éstos, les costará verlo como padre, incluso es posible que lo llamen por su nombre de pila o construyan otro nombre para relacionarse que no tenga que ver con papá. Si un hijo hace de padre de su padre, está en modo abuelo, está en el lugar del abuelo y no de hijo, desde este espacio no vivirá su vida desde la libertad y la soberanía de su yo adulto. Eso es un desorden que generará, por el principio de la biología de la propia vida, desorden a su paso. Conflictos con sus hijos, creaciones, proyectos, pareja, trabajo, etc.

En sistémica, es importante reconocer a todos los miembros de un sistema, nos guste o no su conducta, lo que pasó o lo que hicieron, indistintamente de lo que sucedió, todos tienen el mismo derecho a pertenecer al sistema, (como ese miembro amputado que enfermó y  en ese momento la solución, para que el cuerpo siguiera en la vida, era su exclusión, hubo un principio que sí estaba y nunca dejó de pertenecer). Desde este principio, ese derecho va seguido de otro, que es el lugar que le toca ocupar para poder ofrecer lo que tenga que ofrecer, independientemente de lo que haya hecho, sea o no juzgado como bueno o malo. Esta terminología de bueno o malo no entraría a formar parte de la sistémica, ni de las fuerzas del amor.

Dejar a un lado el raciocinio, la lógica humana y el mundo de las formas es vital para comprender estos principios y asentir a la vida tal y como es. Amar lo que es, colocar orden en ti y desde ahí comprender lo que sucedió y dejar que la vida fluya y se de.

Maku Sirera Pérez

MORFEO ME SALVÓ

MORFEO ME SALVÓ

Si las dice un progenitor o un hermano mayor, ¿Cómo no voy a creerlas? Pertenecer es una necesidad básica. Por amor las recojo y con  amor me las quedo y las hago mías.

Maku Sirera Pérez

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¡YO SOY ASÍ!, TEMAZO PARA UNA SERIE

¡YO SOY ASÍ!, TEMAZO PARA UNA SERIE

“YO SOY ASÍ Y ASÍ SEGUIRÉ”, CANCIÓN CONVERTIDA EN HIMNO DE LOS REPETIDORES.

La reina de las excusas humanas es “YO SOY ASÍ”, temazo para una serie de 1000 temporadas donde se “renuevan personajes con el mismo argumento”. Ésta, la súper excusa, es la reina madre de todas las excusas que utilizamos para no cambiar, para seguir culpando a todo y a todos en nuestros escenarios desagradables, sufrientes, dolientes y tóxicos de nuestra vida. Si en tu vida algo no funciona, cambia. Si en tu vida no obtienes lo que deseas, cambia. Si en tu vida repites experiencias, escenarios o patrones que te disgustan, cambia. Los demás no, tú. Si tú no lo haces por ti, ¿Por qué crees que los demás lo harán o «TE» deben hacerlo? Me refiero a cambiar por ti, tus deseos y tus resultados.

Mi creencia sobre esto y como dice uno de mis maestros preferidos Salomon Sellam es, «No tienes un problema, tienes un programa». La buena noticia es que los programas se cambian, ellos no definen tu vida y mucho menos a ti. El secreto de los desordenes amorosos.(Salomon Sellam)

Como decía mi amado padre, «la falta de autoestima es como los gases en la tripa, cuando salen, el último en olerlo es el dueño y aunque quiera escapar, le perseguirá vaya donde vaya hasta que le ponga remedio». Si acudes a un pozo a extraer agua y éste, está seco. Vuelves de nuevo al pozo, una y otra vez (YO SOY ASÍ), aún sabiendo que está seco, ¿el problema es del pozo que está seco, o tuyo? La historia que te repites es mental, es decir; «los pozos son para tener agua», «mi padre venía aquí cuando yo era pequeño y este pozo tenía agua», «el que la sigue la consigue», «la perseverancia es el jefe de la abundancia», «no cambies les sendes velles per les novelles«, «no hay nada nuevo bajo el sol», «cualquier tiempo pasado fue mejor», y así In saecula Saeculorum, como si de una reunión de Lemures ilustrados se tratara. Este comportamiento es igual, similar, semejante, parecido, Bla, Bla, Bla a cuando decimos.- «Yo soy así», «voy a seguir haciendo las cosas como siempre«, «porque así me parieron», «porque no voy a dejar de hacer las cosas como las he hecho siempre, si los demás no lo valoran, allá ellos», «porque se han hecho así siempre«, «como toda la vida», «mi padre/madre lo hacia así», «porque no quiero cambiar, yo soy así», «lo hago porque me sale del corazón», (ignoraba que ego tuviera corazón) y , con ese corazón en tus manos hecho cachitos, porque has permitido que jugaran con él, un día más tarde, un mes más tarde, un año más tarde o una vida más tarde te deprimes, te entristeces, lloras por los rincones de ese corazón que cantó «a grito pelao, YO SOY ASÍ», porque de nuevo no te reconocen, no te aprueban, no te autorizan, no te miran, no te.., no te.., no te… Una temporada tras otra, cambiando personajes como en la famosa serie Juego de Tronos, que cuando te has encariñado con uno, ¡venga, va y se muere! O desaparece sin más o, pasa en un segundo de ser personaje principal a no salir ni en los créditos. Y nosotros ahí, tragando pantalla, perdiendo el tiemposí el tiempo, ese bien tan maravilloso que no regresa, ¡Ahí estamos y ahí está nuestro Ego! Cantando a doble voz y repitiendo “YO SOY ASÍ Y ASÍ SEGUIRÉ “, con el “tú tú tú tú “ de su trompeta como acompañamiento central. Regalando días, esfuerzo, sentimientos, emociones, expectativas, planes, deseos, ilusiones y compromisos que tan sólo fueron promesas vacías, como ese precioso pozo seco. Pues va a ser que en algún momento tendrás que dejarlo, tendrás que parar, detenerte y decirle a ego que se calle, que ya es suficiente para ti de esto, «¡YA ES SUFICIENTE!». Que pare de cantar para un público inexistente que por estar, no te ha comprado ni la entrada a tu escenario. Parar, detener tus daciones en petición y permanecer en el silencio de la noche oscura del alma, dejándote en la observación de quien eres, recordando quien eres y permitiendo que tu canción, esa que entonan tus Ángeles todos los días para que retornes al amor, resuene desde tu alma hasta tu cuerpo y vuelvas al SER, «YO SOY», eligiendo dejar a un lado el «ASÍ», ese adverbio que te limita y le da juego a ego y sus orquestas. ¿Y si te cantas un solo?, a una voz, dejando en el suelo de ese pozo seco la trompeta de ego y su tú tú tú, atreviéndote a entonar una balada de rock que cuando comience a brotar por tu garganta, estremezca todo tu cuerpo y lo recorra, provocando temblores de libertad en tu piel, uniéndose la tierra a tu paso, con un estribillo que dijera algo así como «YO SOY HOY», «YO SOY ETERNA, SIN FORMAS, SIN REJAS, INFINITA, SIN TIEMPO Y AHORA«. No sé, quizá así, o de otra forma, ¡Qué más da! Dejándote llevar por el viento de la certeza, sin miedo a los cambios, al renuncio de vivirte en una rotonda emocional por aquello de «no canvies les sendes velles per les novelles», y confiar que tienes todo lo necesario para vivirte en cada experiencia presente, ahora. Confiar que eres inocente en cada paso que das y que la persona que fuiste hace un año, un mes, un día o un segundo ya no existe, ya «ES» transformada por ese cántico a la vida, a la libertad y al amor que te recuerda que no perteneces a nada ni a nadie, pues el SER es infinito. Cambiar el siempre por el ahora, tan simple como eso. Transformar el «YO SOY ASÍ» por «YO SOY» y permitirte el merecimiento, la valía y la suficiencia que te da «confiar«. Todo está bien y es perfecto en mi mundo de posibilidades. ¡CONFÍO, YO SOY!

Maku Sirera Pérez

EL ORO DE NUESTRA SOMBRA

EL ORO DE NUESTRA SOMBRA

 

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma (C. Gustav Jung)

La SOMBRA, se construye en los primeros años de vida del ser humano, aunque no es exclusiva de éste, ella habita en la experiencia, en el inconsciente colectivo y humano, como llamaríamos “guardar en la nube” distintas cosas que decidimos apartar de nuestro día a día; experiencias, negaciones, traumas, dramas, duelos, no dichos, comportamientos no aceptados, ideas, emociones no permitidas y todas aquellas interpretaciones que en un momento dado, decidimos guardar en lo más profundo de nosotras, de nuestro ser, o como yo digo «en las profundidades de la Torre de Ego», que no en su ático.

«No se pueden montar dos caballos con un mismo trasero», con esto me refiero a la cantidad de elecciones conscientes e inconscientes que hacemos a lo largo del día. Si elijo la decisión de tomar un café, en el instante que decido llevar a cabo esta acción, ya estoy descartando tomar, en ese mismo instante un té. Si tomara la decisión de elegir beber las dos cosas al mismo tiempo, también estaría dejando a un lado la decisión de tomar una sola bebida. Como bien sabéis, vivir es relación, somos relación. Nos relacionamos con nosotras mismas y con nuestro entorno y de esta forma crecemos. Me gusta mucho decir «Se crece en relación»; interaccionando, comunicando, interactuando, rozando, dialogando, intercambiando, debatiendo, abrazando, mirando, doliendo, rompiendo, fracturando, llorando, riendo, observando, respetando, con la predisposición de aprender más allá de una misma, siendo en relación con los demás y nuestro entorno crecemos, vivimos y perdonamos. Nadie existe aisladamente y por esa misma regla estamos en constante elección al vivirnos en relación, es inevitable.

En los primeros años de vida, el bebé se vive en la certeza de la corrección, sin ser consciente de sus programas heredados y de los patrones que lleva impresos en las células y su información ancestral. Él es, se vive sin preocupación desde el programa de supervivencia activado y con el amor brotando por todas y cada una de sus partes humanas. No piensa si será o no sustentando en brazos de un adulto, su mente no está en la preocupación de si será alimentado o no, se vive desde la quietud de la certeza de que nada le falta. Con el tiempo, rodeado de los patrones, creencias y programas de los adultos, de su entorno y desde el ático de Ego y su mirada absoluta, va experimentando la negación de su ser. Van apareciendo las heridas de rechazo, abandono, traición, humillación e injusticia y creando los programas de aprobación y reconocimiento que le facilitan vivirse en relación y calmar, con ellas, la falta de aceptación. Repito, «Nadie existe aisladamente«.

Ego se vive entre su ático y sus profundidades, comparece con sus ropajes regalados, escogidos minuciosamente desde «el armario de Ego», con los que vamos fabricando nuestro personaje y facilitando el adaptarnos a un mundo de constructos de separación y juicios. Un mundo de formas, donde las formas son importantes para identificarnos y darle validez a lo que hacemos, a lo que tenemos y a lo que lo externo nos confía. Esos ropajes cubren nuestro ser y aíslan el dolor de sentirnos negados y también a nuestro verdadero YO. Vamos construyendo un personaje que nos facilita la relación en este mundo de formas, engrandeciendo las heridas, ocultas tras una máscara decorada de resignación social y familiar.

El amor, que existe por los siglos de los siglos y tiene el permiso eterno de la vida, se encuentra en lo que vemos con los ojos físicos y en lo que no vemos. Él nos ayuda a encontrarnos de nuevo con nuestra esencia, nos mantiene en conexión, sustentados y guiados por un cordón umbilical imaginario que jamás nos suelta, ni nos abandona. Entre ese ático de Ego y sus profundidades habita la paz, el amor y la esencia de lo que realmente somos, creando una dimensión paralela que permanece en la oscuridad, un lugar llamado sombra que custodia todo aquello que decidimos elegir ocultar, por tener las creencias de no ser aceptados en este mundo de formas, y ya sabemos que nadie existe aisladamente.

Desde su ático, Ego, se vive en la arrogancia, en la superioridad, en la divinidad, en el juicio ajeno y su narcisismo, exudando creencias limitantes que lo hacen más poderoso, sin embargo, todo este montaje, todo este escenario es irreal, es un cuento que nos contamos como diálogo interno de conversaciones con nuestro yo a nuestro YO y que se han elaborado antes en las profundidades del mismo Ego, ese lugar oscuro donde hemos ido guardando todo aquello que no ha sido aprobado por nuestro sistema familiar, social o propio. Cada vez que tomamos la decisión de darle valía a lo que los demás dicen creer que somos, enviamos a ese lugar oculto, custodiado por el amor eterno, lo que rechazamos de nosotras mismas, la verdad de un cuento contado por labios ajenos que desconocen nuestro dolor y al que le damos importancia y con la fuerza de la verdad de lo indestructible, crece en la misma proporcionalidad con que lo hemos negado, con el poder imparable de lo que somos y su verdad, se hace público en las experiencias, en las PERSOM’S que aparecen ante la llamada urgente de nuestra alma y su propósito en este mundo.

Es bien sabido por todos que el universo es energía, que todo es energía y que ésta, ni se elimina ni se destruye, tan solo se transforma, siendo que en este caso del que hoy me ocupo, cuando queremos eliminar de nuestras vidas algo, desde la negación y no desde la aceptación, la comprensión y el agradecimiento, lo enviamos a la sombra, a las profundidades de Ego a veces y que siempre se encuentra al abrigo del Amor que somos. Creemos eliminarlo, sin embargo sólo se oculta en la sombra para ser transformado en experiencia, conflicto, síntoma o persona, para ser aceptado, perdonado e integrado en el todo.

En la infancia, me atrevo a decir que durante los 3 primeros años de vida, el ser humano se vive en la certeza del ser, con un sinfín de recursos heredados y automatizados que nos vienen dados desde el espíritu del amor, impresos en el alma y en conjunción con el programa de supervivencia activo para transitar con la máxima seguridad. Sentimos que todo cuanto precisamos se nos es concedido, regalado, dado, porque nos corresponde. El bebé, como antes he nombrado, se vive sin preocupación y en la absoluta certeza. Con el transcurso de los años, en relación con nuestro entorno y para que el equilibrio se dé a la perfección, gracias al programa de supervivencia, todo aquello que es rechazado e ignorado de nosotras mismas lo enviamos a la sombra, a ese lugar eterno de recogimiento del ser, desde el principio de los tiempos y hasta el final de ellos. Cuanto más nos duele, más profundo lo enviamos, con claves y llaves para que no salga, sin embargo, nada se elimina y mucho menos algo que viene con nosotras, las personas antes de nacer. Es transformado para que aprendamos a amarnos como somos, para que nos aceptemos tal cual, con todas nuestras partes enteras y completas. Cuanto más profundo es el envío porque el dolor nos somete, más fuerza adquiere en la profundidad y desde ahí, saldrá al exterior con la misma potencia que se quiso eliminar.

Lo negado saldrá, se colocará delante como un recordatorio de «ÁMATE, SÉ TÚ MISMA», no me ocultes, no me niegues, no me elimines. Tu negación le causa dolor al niño interior y éste necesita expresión, comprensión, aceptación y sobretodo «AMOR» y mientras sigamos negando, seguirá exteriorizando esa negación, ese dolor e incrementando la emocionalidad de la negación, pues el SER viene a este mundo de formas para ser visto, comprendido y aceptado, igual que cualquier hecho que el propio clan haya querido ocultar enviando la experiencia, el duelo o el «no dicho» a la sombra.

LA SOMBRA, un lugar de AMOR, de profundo amor hacia lo que realmente somos, un lugar sin puertas ni ventanas que nos arropa y cuida nuestro ser, como alimento necesario para que no nos olvidemos nunca de quién somos. Un lugar de gran cabida, cueva de nuestros tesoros, de piedras preciosas y joyas propias que depositamos conjuntamente con una contraseña que con el tiempo olvidamos.

Ella, LA SOMBRA, fiel a nosotras y a nuestro amable ser, nos cobija y nos cuida esos tesoros, que crecen con su amor y cariño con el mayor de los cuidados.
Ella, LA SOMBRA, es madre que amamanta desde la cercanía de su corazón, desde el derecho que ella nos regala a ser.
Ella, LA SOMBRA, es padre que reconoce nuestro valor, descartando y resquebrajando los propios límites, nos acompaña hacia el exterior, hacia la vida para recordarnos quién somos y a qué hemos venido a este mundo de formas.

Los síntomas, los conflictos, las experiencias, las circunstancias y los escenarios de vida sólo tienen un fin, la aceptación, la compresión de todas y cada una de nuestras partes, acogerlas tal y como son y asentir ante la vida tal y como es. La cooperación entre todo lo que nos conduce por la vida y la sincronicidad de nuestra sinceridad para con ello. Todo esto es magnífico si lo vivimos desde la paz, desde el ser, desde la aceptación, asintiendo a la vida tal y como es, sin juicios ni peticiones. 

La SOMBRA, se vive al reflejo de nuestra luz y la sustenta. Vive entre bambalinas ejerciendo la fuerza de la vida misma, alentando los aplausos, las miradas y los éxitos de nuestro SER y la aceptación del todo para alcanzar la quietud y la paz. Ella, no existiría sin tu luz.

Maku Sirera Pérez

 

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

Te haces vegana, te apuntas a un curso o a mil, te confiesas, te equilibras, cien cursos de medicina natural, una diplomatura en Psicología y un doctorado en Antropología, haces regresiones, cursos de crecimiento espiritual, te conviertes en una obsesa del reciclaje, ecologista, anti 5G, meditas todos los días, experta en piscogenealogía, Transgeneracional, entras en sofrologias intensas, haces de todo para sanar y sentirte en el Nirvana de este mundo, en la unidad celestial o en lo que sea que te da sentipensar, que estás en el camino de la espiritualidad y unidad con el Todo y llega el domingo, te reúnes con la familia y se va todo al Carajo.

Llegas con un millón de intenciones, herramientas, habilidades desarrolladas y practicadas, todas contigo, ordenadas y en fila india detrás de ti misma y con una sonrisa de “esta vez voy a ser La Paz personificada». Al principio, cuando has comenzado ese arduo camino de crecimiento espiritual y personal, acuden contigo tus sombras, de la mano de tus luces y separada de todo lo que no sea lo que decidiste aprender y transcender, con ojos de juez y al mismo tiempo, de bálsamo para tu acciones.

Ellos,«LA FAMILIA EN MAYÚSCULA», totalmente equivocados y habitando la tierra de la incorrección, son observados por «el Ego», y digo El Ego porque ni siquiera reconozco que sea mio, allá por aquellos tiempos de comienzo de crecimiento y sanación de mis heridas. Es tan profundo el apego a «tus asuntos», a generar cambios porque mi vida no funciona y quiero obtener las claves y la llave de la sabiduría, para que los demás cambien y así sentirme más feliz con lo que estoy acostumbrada a hacer, que sin darme ni cuenta y mucho menos ser consciente, habito en el ático de lujo que paga «mi Ego» desde hace años, casi me atrevería a decir que desde los principios de esa decisión de habitar este cuerpo que he elegido, para transcenderlo y amarlo con todas sus culpas y miedos.

En el principio de mi camino de sanación y salvación, (como si se me tuviera que salvar de algo o de alguien), hace algunos años de esto, y sí, desde Ego espiritual, una de sus identidades más difíciles de reconocer y que nos mueve sutilmente por un sinfín de trampas, me vivo. Entre un juicio y otro, ante un abanico de intenciones y explicaciones con diálogos infinitos de que existen libros, cursos, disciplinas, dinámicas, métodos y demás cambios personales y almáticos, (como si yo supiera qué le conviene a los demás o qué necesitan), que los pueden salvar de ese lugar incorrecto en el que yo, después de todo los cursos y demás que he nombrado, sé que se encuentran ellos, sólo ellos y nada más que ellos, «Ja, ja ja». Así, sin comerlo ni beberlo, todavía no soy consciente de que los demás nada tienen que ver con lo que a mi me sucede. Ego, me incita a pensar que son ellos los únicos culpables de mi desdicha, ¡Ay! ¡qué bonico mi Ego! y que bonica yo y mis conversaciones con intenciones ajenas.

El otro necesita… bla, bla, bla. El otro tiene que… bla, bla,bla. El otro debe hacer… bla, bla,bla. Y así, desde este diálogo interno, me encuentro dentro de una rotonda emocional  egótica, atesorando pensamientos y acciones que refuerzan este concepto de que la solución y la felicidad, se encuentra fuera de mi y en mis alrededores. Una mágica ilusión que sólo me mantiene sumergida en esa rotonda emocional egótica, transitando en su embrujo inconsciente. Y mientras, los demás, observando ese baile circular de mi misma y mis separaciones, comparaciones y juicios, sin enterarse de qué pretendo y dónde se encuentra todo eso que siento la necesidad de transmitir y cambiar en los demás, para que mi vida esté colmada de felicidad y abundancia.

Desde este lugar, desde estas acciones y viviéndome en «tus asuntos», me pierdo la vida, me pierdo «MI VIDA», y sobre todo, la cantidad de regalos que me he pedido al pactar con todas y cada una de las personas que han pasado y siguen pasando por mis escenarios.

Desde mi nacimiento, bailo con encuentros de seres convertidos en personas, que respetan cada uno de nuestros pactos, interpretando el papel que asumieron con ese sagrado pacto común. Mis padres, los primeros elegidos en mi «engordamiento de consciencia», repletos de regalos para mi, uno a uno hacen de mi vida, un encuentro de planes correctos plasmados en un mapa del tesoro, que me devuelve al amor infinito en conjunción con mis hermanos y todos mis ancestros, estos que respetaron sus encuentros y que hicieron posible que yo y mi yo, nos encontráramos en este mundo de formas.

Partiendo que la familia es todo y toda. Todo encuentro y toda persona que respeta nuestro «hemos quedado a menos cuarto para vivirnos y regalarnos» . Mi creencia es que desde las altas esferas, hay una decisión de amor para cada uno de nosotros, aunque aquí, en este mundo de formas, luego sea juzgado por nuestro Ego y sus identidades, sus comportamientos, sus relaciones y sus alimentos. Nada de lo que nos sucede es ajeno a estas decisiones, a estos pactos sagrados de amor para a ser una con Dios. La familia nos regala infinitos tesoros, desde esa corrección. La familia nos aporta todo cuanto le hemos pedido que dé. La familia, es minucionamente dadora de esos tesoros que se encuentran impresos en nuestro plan de alma y, uno a uno, vamos recogiendo con el mayor de los cuidados.

La familia integra la parte más importante de engordamiento consciente, ella aporta individuos que representan el papel asumido y asignado para cada cometido. Persom’s fracturadoras que nos abren las carnes para dejar paso a la esencia, al amor, a la profundidad de los que somos, rasgando la materia y dejando paso a la luz, a la corrección de esa decisión que pactamos en conjunto, desde la comprensión y el perdón de esa fractura pedida y aceptada por ambos. ¡Te voy a odiar!, ¿Lo sabes? dice mi alma en esa reunión de pactos sagrados, desde el amor infinito. ¡Lo sé! me dice el alma del otro, desde la unidad del acuerdo. ¿Y aún así quieres nuestro encuentro? ¿Estás lista, dispuesta a vernos «a menos cuarto»? le repite mi alma para sellar nuestro pacto sagrado. ¡Exacto, yo también sanaré con este pacto. Gracias! Y el amor nos envuelve y nos sella y nos entrega al plan del alma para encontrarnos, para engordarnos, para sanarnos, para devolvernos al amor y la unidad, para volver a sentir que somos una con Dios y acercar todos nuestros cuerpos, todos nuestros mundos, todas nuestras vidas al amor.

La familia y sus Persom`s facilitadoras, que nos abrigan en el frío de la soledad, de la tristeza, del rechazo y la separación. Ellas, como dulces cantos mágicos, envuelven nuestro cuerpo con bálsamo de vida, para facilitar nuestro camino y convertirlo en un lugar transitable para seguir con nuestro plan de vida, con nuestros pactos de corrección sobre algo que ya es correcto. La familia y sus Persom´s borrador, que salen al encuentro de nuestras lagrimas y las secan con las risas, con el baile, con la música, con cualquier acto de ternura, que haga posible borrar las cicatrices creadas por los sucesos que nos quiebran, o nos mantienen en esa rotonda emocional egótica, dramática y doliente. Borran con su presencia el dolor. Borran con su mirada la soledad. Borran con sus caricias la fría noche del alma.

La familia y sus Persom´s puente, acompañantes y medicina, nos cierran las carnes del alma y colocan oro en sus huecos prestados, colocan calidez, validez y amor convirtiendo la piel de nuestra alma en un lugar para vivir, para soñar, para volver al amor que somos y sentir de nuevo.

La familia, nos abren las carnes, sacan el valor que llevamos, desde  una decisión pactada sagradamente y nos las cierran de nuevo con el valor de lo vivido, con la elasticidad de lo aprendido, con el oro del regalo que son, multiplicando vida, engordando nuestra consciencia y sellando el amor en cada paso.

Y transcurre el tiempo con todo lo aprendido, con todo lo vivido y soy consciente que ellos, están desde el respeto de lo pactado, que nada tienen que cambiar, que nada tiene que asumir, que son, para que yo sea. Tomo consciencia que cada uno de los actos que he realizado, eran parte de un plan trazado desde el perdón y que ellos, solamente son la presencia de mi decisión, acompañándome en el aprendizaje y la toma de consciencia.

Nada era para ellos, todo era para mi con ellos. En un baile de encuentros, con la música del respeto sonando, se ha ido orquestando la composición más bella y perfecta que podía vivir, «AHORA» y así la tomo, tal cual es, porque no podía ser de otra forma.

Volver al amor desde un pacto sagrado de AMOR.

Gracias, gracias y gracias.

Maku Sirera Pérez