LA SOMBRA, ETERNO GUARDIÁN DEL SER

LA SOMBRA, ETERNO GUARDIÁN DEL SER

 

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma (C. Gustav Jung)

La SOMBRA, se construye en los primeros años de vida del ser humano, aunque no es exclusiva de éste, ella habita en la experiencia, en el inconsciente colectivo y humano, como llamaríamos, “guardar en la nube” distintas cosas que decidimos apartar de nuestro día a día; experiencias, negaciones, traumas, dramas, duelos, no dichos, comportamientos no aceptados, ideas, emociones no permitidas y todas aquellas interpretaciones, que en un momento dado, decidimos guardar en lo más profundo de nosotras, de nuestro ser, o como yo digo «en las profundidades de la oscuridad de Ego», que no en su ático.

«No se pueden montar dos caballos con un mismo trasero», con esto me refiero a la cantidad de elecciones conscientes e inconscientes que hacemos a lo largo del día. Si elijo la decisión de tomar un café, en el instante que decido llevar a cabo esta acción, ya estoy descartando tomar, en ese mismo instante un té. Si tomara la decisión de elegir beber las dos cosas al mismo tiempo, también estaría dejando a un lado la decisión de tomar una sola bebida. Como bien sabéis, vivir es relación, somos relación. Nos relacionamos con nosotras mismas y con nuestro entorno y de esta forma crecemos. Me gusta mucho decir «Se crece en relación»; interaccionando, comunicando, interactuando, rozando, dialogando, intercambiando, debatiendo, abrazando, mirando, doliendo, rompiendo, fracturando, llorando, riendo, observando, respetando, con la predisposición de aprender más allá de una misma, siendo en relación con los demás y nuestro entorno crecemos, vivimos y perdonamos. Nadie existe aisladamente y por esa misma regla estamos en constante elección al vivirnos en relación, es inevitable.

En los primeros años de vida, el bebé se vive en la certeza de la corrección, sin ser consciente de sus programas heredados y de los patrones que lleva impresos en las células y su información ancestral. Él es, se vive sin preocupación desde el programa de supervivencia activado y con el amor brotando por todas y cada una de sus partes humanas. No piensa si será o no sustentando en brazos de un adulto, su mente no está en la preocupación de si será alimentado o no, se vive desde la quietud de la certeza de que nada le falta. Con el tiempo, rodeado de los patrones, creencias y programas de los adultos, de su entorno y desde el ático de Ego y su mirada absoluta, va experimentando la negación de su ser. Van apareciendo las heridas de rechazo, abandono, traición, humillación e injusticia y creando las máscaras de aprobación y reconocimiento que le facilitan vivirse en relación y calmar con ellas, la falta de aceptación. Repito, «Nadie existe aisladamente«.

Ego, entre su ático y sus profundidades, comparece con sus ropajes regalados con los que vamos fabricando nuestro personaje y facilitando el adaptarnos a un mundo de constructos de separación y juicios. Un mundo de formas, donde las formas son importantes para identificarnos y darle validez a lo que hacemos, a lo que tenemos y a lo que lo externo nos confía. Esos ropajes cubren nuestro ser y aíslan el dolor de sentirnos negados y también a nuestro verdadero YO. Vamos construyendo un personaje que nos facilita la relación en este mundo de formas, engrandeciendo las heridas, ocultas tras una máscara decorada de resignación social y familiar.

El amor, que existe por los siglos de los siglos y tiene el permiso eterno de la vida, se encuentra en lo que vemos con los ojos físicos y en lo que no vemos. Él nos ayuda a encontrarnos de nuevo con nuestra esencia, nos mantiene en conexión, sustentados y guiados por un cordón umbilical imaginario que jamás nos suelta, ni nos abandona. Entre ese ático de Ego y sus profundidades habita la paz, el amor y la esencia de lo que realmente somos, creando una dimensión paralela que permanece en la oscuridad, un lugar llamado sombra que custodia todo aquello que decidimos elegir ocultar, por tener las creencias de no ser aceptados en este mundo de formas, y ya sabemos que nadie existe aisladamente.

Desde su ático, Ego, se vive en la arrogancia, en la superioridad, en el juicio ajeno y su narcisismo, exudando creencias limitantes que lo hacen más poderoso, sin embargo, todo este montaje, todo este escenario es irreal, es un cuento que nos contamos como diálogo interno de conversaciones con nuestro yo a nuestro YO y que se han elaborado antes en las profundidades del mismo Ego, ese lugar oscuro donde hemos ido guardando todo aquello que no ha sido aprobado por nuestro sistema familiar y/o social. Cada vez que tomamos la decisión de darle valía a lo que los demás dicen creer que somos, enviamos a ese lugar oculto, custodiado por el amor eterno, lo que rechazamos de nosotras mismas, la verdad de un cuento contado por labios ajenos que desconocen nuestro dolor y al que le damos importancia, y con la fuerza de la verdad de lo indestructible, crece en la misma proporcionalidad con que lo hemos negado, con el poder imparable de lo que somos y su verdad, se hace público en las experiencias, en las PERSOM’S que aparecen ante la llamada urgente de nuestra alma y su propósito en este mundo.

Es bien sabido por todos que el universo es energía, que todo es energía y que ésta, ni se elimina ni se destruye, tan solo se transforma, siendo que en este caso del que hoy me ocupo, cuando queremos eliminar de nuestras vidas algo, desde la negación y no desde la aceptación, la comprensión y el agradecimiento, lo enviamos a la sombra, a las profundidades de Ego a veces y que siempre se encuentra al abrigo del Amor que somos. Creemos eliminarlo, sin embargo solo se oculta en la sombra para ser transformado en experiencia, conflicto, síntoma o persona, para ser aceptado, perdonado e integrado en el todo.

En la infancia, me atrevo a decir que durante los 3 primeros años de vida, el ser humano se vive en la certeza del ser, con un sinfín de recursos heredados y automatizados que nos vienen dados desde el espíritu del amor, impresos en el alma y en conjunción con el programa de supervivencia activo para transitar con la máxima seguridad. Sentimos que todo cuanto precisamos se nos es concedido, regalado, dado, porque nos corresponde. El bebé, como antes he nombrado, se vive sin preocupación y en la absoluta certeza. Con el transcurso de los años, en relación con nuestro entorno y para que el equilibrio se dé a la perfección, gracias al programa de supervivencia, todo aquello que es rechazado e ignorado de nosotras mismas lo enviamos a la sombra, a ese lugar eterno de recogimiento del ser, desde el principio de los tiempos y hasta el final de ellos. Cuanto más nos duele, más profundo lo enviamos, con claves y llaves para que no salga, sin embargo, nada se elimina y mucho menos algo que viene con nosotras, las personas, antes de nacer. Es transformado para que aprendamos a amarnos como somos, para que nos aceptemos tal cual, con todas nuestras partes enteras y completas. Cuanto más profundo es el envío porque el dolor nos somete, más fuerza adquiere en la profundidad y desde ahí, saldrá al exterior con la misma potencia que se quiso eliminar.

Lo negado saldrá, se colocará delante como un recordatorio de «ÁMATE, SÉ TÚ MISMA», no me ocultes, no me niegues, no me elimines. Tu negación le causa dolor al niño interior y éste necesita expresión, comprensión, aceptación y sobretodo «AMOR» y mientras sigamos negando, seguirá exteriorizando esa negación, ese dolor e incrementando la emocionalidad de la negación, pues el SER viene a este mundo de formas para ser visto, comprendido y aceptado, igual que cualquier hecho que el propio clan haya querido ocultar enviando la experiencia, el duelo o el «no dicho» a la sombra.

LA SOMBRA, una lugar de AMOR, de profundo amor hacia lo que realmente somos, un lugar sin puertas ni ventanas que nos arropa y cuida nuestro ser, como alimento necesario para que no nos olvidemos nunca de quién somos. Un lugar de gran cabida, cueva de nuestros tesoros, de piedras preciosas y joyas propias que depositamos conjuntamente con una contraseña que con el tiempo olvidamos.

Ella, LA SOMBRA, fiel a nosotras y a nuestro amable ser, nos cobija y nos cuida esos tesoros, que crecen con su amor y cariño con el mayor de los cuidados.
Ella, LA SOMBRA, es madre que amamanta desde la cercanía de su corazón, desde el derecho que ella nos regala a ser.
Ella, LA SOMBRA, es padre que reconoce nuestro valor, descartando y resquebrajando los propios límites, nos acompaña hacia el exterior, hacia la vida para recordarnos quién somos y a qué hemos venido a este mundo de formas.

Los síntomas, los conflictos, las experiencias, las circunstancias y los escenarios de vida sólo tienen un fin, la facilidad en la felicidad, la aceptación y la compresión de todas y cada una de nuestras partes, la cooperación entre todo lo que nos conduce por la vida y la sincronicidad de nuestra sinceridad para con ello. Todo esto es magnífico si lo vivimos desde la luz, desde nuestro ser, desde la aceptación e integración del amor en un completo del SER, sin embargo, si nos ocultamos, si enviamos a la sombra nuestras piedras preciosas, nuestras joyas del SER, ella, la SOMBRA, que nos ama, que es creada para recoger, cobijar y alimentar eso que somos, por esencia y semejanza a la vida, realizará con todo esmero su labor, cuidar y proteger a nuestro SER.

La SOMBRA, se vive al reflejo de nuestra luz y la sustenta. Vive entre bambalinas ejerciendo la fuerza de la vida misma, alentando los aplausos, las miradas y los éxitos de nuestro SER y la aceptación del todo para alcanzar la quietud y la paz.

Maku Sirera Pérez

 

LAS PALABRAS DE LA INFANCIA, RESUENAN UNA SOLA ETERNIDAD

LAS PALABRAS DE LA INFANCIA, RESUENAN UNA SOLA ETERNIDAD

¿Quién te va a querer a ti? Eso escuchaba de pequeña, recibiendo esa afirmación como una triste noticia que convertía mi camino de vida en un lugar pantanoso, engulléndome de un suspiro hacia el interior de la tierra y allí, mi respiración, se cortaba y el aire se convertía en un denso sonido de inexistencia, se esfumaba la posibilidad de respirar y de vivir.

En ocasiones, cuando mi negación externa era mayor que mi afirmación interna, venía a visitarme Morfeo, disfrazado de príncipe salvador del dolor y con sus delicadas manos y con unas grandes alas tiernas, me recogía e inducía un sueño rápido y reparador de esa tristeza, desconectándome de este mundo, un lugar de negación del ser y del amor, volviéndome más invisible.

Y ahí, en brazos de Morfeo, mi príncipe rescatador de momentos fúnebres y de palabras hirientes, me recomponía para, unas horas más tarde, sentirme capaz de nuevo de volver a lo que yo creía que era la vida.

Con cada encuentro con Morfeo, fui construyendo un lugar para habitar segura, un castillo alto, muy alto, tan alto que era fácil respirar la libertad y el oxígeno que en este lugar me envolvía, paralizando cualquier palabra que se dirigía a mi en forma de fino alfiler, desvaneciéndose como pequeños “nadas”, hacia el mismo lugar desde dónde eran lanzados.

Me acostumbre a vivirme en ese castillo, tanto, tan cómoda y tan fácil que fui creyendo que era mío y con el tiempo y el atesoramiento de las emociones que allí sentía, fui adquiriendo dragones, cocodrilos y guardianes, que me alejaban cada vez más del mundo que yo creía real.

Un lugar que me alejaba del dolor de sentirme negada, de creerme que no era merecedora de que nadie me amara , ¿Quién me iba a querer a mi? Flaca, fideo, escoba, melsa, poca cosa, esmirriada, enferma e incapaz de alimentarme, sostenerme y aprobarme a mi misma, ¿Quién me iba a querer a mi siendo todo eso y más? Pues nadie y mucho menos yo misma.

Y así, en brazos de Morfeo, regresaba a ese lugar en el que era yo y creaba una persona que nadie conocía y que nadie negaba. Respiraba, ensanchaba los pulmones donde habitaban las emociones y la piel de mi alma iba tornándose de color vida. Fuera de la consciente realidad y de las palabras que se convertían en finos cuchillos que se adentraban en lo profundo de mi ser, fui destapando una a una mis heridas y oxigenando el dolor. Ese Castillo mío era un sanatorio, Morfeo mi salvador y mis guardianes enfermeros portadores de remedios notables con mágicas habilidades para detener, con el mayor de los cuidados, cada una de las dagas que venían directas a mi corazón.

Aprendí, en aquella soledad sanadora a sentirme capaz de recibir la vida, de tomarla, de aprobarme en ella y bajar poco a poco a tierra, desde las alturas de mi guarida y permanecer en ella sintiéndome valiente. Acariciar el camino con el pensamiento, acariciar amablemente la vida bajo mis pies y tener el mundo en mis manos, para juntas y al mismo tiempo o sin tiempo, envolvernos en un baile de caricias y roces delicados con firmeza.

Hoy, soy capaz de mirar mis cicatrices desde el amor, descubrirlas y agradecer su dibujo. Hoy, doy las gracias a Morfeo por salvarme en cada desconexion del mundo que yo creía real y dejarme reposar en mi adorable castillo, ese lugar lleno de magia, de quietud, de paz y de vida que aún hoy visito, recorro y tomo, tumbada en el suelo, escuchando, desde las alturas, el latido de la madre tierra, de la vida misma sin necesidad de guardianes, aunque todavía acompañada por ellos, como fieles faros de alma.

El amor no es un estado, no es una emoción y tampoco un sentimiento, el amor es un lugar para soñar, un lugar para vivir, un lugar para habitar con decisión y consciencia sin cálculo de límites, razón o cordura.

Miro mis pies como deciden caminar, a tramitos de vida, por ese lugar hermoso que me provoca olvidar mis heridas, mis duelos ocultos, colocando bálsamo delicado en cada lágrima vertida y observando cómo la tierra rejuvenece y con ella yo, volviendo a mi infancia, sanando lo rugoso del camino, allanando las piedras y construyendo con ellas un hogar seguro y firme como la roca que no precisa de alturas, ni fosos, ni lanzallamas. Todo nace en mi interior y es alimentado desde el aire libre que respiro ahora.

Soy capaz de sentir la energía, de mirar a mi alrededor y observar el destello y el brillo de esta, mi energía, que se manifiesta como chispitas de luces alegres, como confeti para el alma, como una fiesta de incalculable valor, que convierte este mundo, el que yo creo real, en un lugar mágico de residencia y permanencia, en el que quiero caminar y acariciarlo como si fuera un bebé recién nacido que necesita de mi, de mi amamantar, de mi mirar, de mi abrigar, de mi despertar y así, juntas, ser AMOR en mayúsculas, elegirnos ser consciente de instantes y conversando con Morfeo desde la tierra, con los ojos abiertos y el alma dispuesta a la vida.

Gracias a Morfeo, gracias a mis dragones, cocodrilos y guardianes, gracias a mi castillo y las alturas que me han proporcionado el oxígeno necesario para sanar la profundidad de mis heridas. Gracias a mi alma que se ha permitido experiencias que me han traído de vuelta al momento presente desde la amabilidad y el AMOR en mayúsculas.

Todo pasa por una razón mayor, porque no podía ser de otra manera, el AMOR nos guía, nos sostiene y nos sustenta.

Maku Sirera Pérez

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

Te haces vegana, te apuntas a un curso o a mil, te confiesas, te equilibras, cien cursos de medicina natural, una diplomatura en Psicología y un doctorado en Antropología, haces regresiones, cursos de crecimiento espiritual, te conviertes en una obsesa del reciclaje, ecologista, anti 5G, meditas todos los días, experta en piscogenealogía, Transgeneracional, entras en sofrologias intensas, haces de todo para sanar y sentirte en el Nirvana de este mundo, en la unidad celestial o en lo que sea que te da sentipensar, que estás en el camino de la espiritualidad y unidad con el Todo y llega el domingo, te reúnes con la familia y se va todo al Carajo.

Llegas con un millón de intenciones, herramientas, habilidades desarrolladas y practicadas, todas contigo, ordenadas y en fila india detrás de ti misma y con una sonrisa de “esta vez voy a ser La Paz personificada». Al principio, cuando has comenzado ese arduo camino de crecimiento espiritual y personal, acuden contigo tus sombras, de la mano de tus luces y separada de todo lo que no sea lo que decidiste aprender y transcender, con ojos de juez y al mismo tiempo, de bálsamo para tu acciones.

Ellos,«LA FAMILIA EN MAYÚSCULA», totalmente equivocados y habitando la tierra de la incorrección, son observados por «el Ego», y digo El Ego porque ni siquiera reconozco que sea mio, allá por aquellos tiempos de comienzo de crecimiento y sanación de mis heridas. Es tan profundo el apego a «tus asuntos», a generar cambios porque mi vida no funciona y quiero obtener las claves y la llave de la sabiduría, para que los demás cambien y así sentirme más feliz con lo que estoy acostumbrada a hacer, que sin darme ni cuenta y mucho menos ser consciente, habito en el ático de lujo que paga «mi Ego» desde hace años, casi me atrevería a decir que desde los principios de esa decisión de habitar este cuerpo que he elegido, para transcenderlo y amarlo con todas sus culpas y miedos.

En el principio de mi camino de sanación y salvación, (como si se me tuviera que salvar de algo o de alguien), hace algunos años de esto, y sí, desde Ego espiritual, una de las identidades de Ego más difíciles de reconocer y que nos mueve sutilmente por un sinfín de trampas, me vivo. Entre un juicio y otro, ante un abanico de intenciones y explicaciones con diálogos infinitos de que existen libros, cursos, disciplinas, dinámicas, métodos y demás cambios personales y almáticos, (como si yo supiera qué le conviene a los demás o qué necesitan), que los pueden salvar de ese lugar incorrecto en el que yo, después de todo los cursos y demás que he nombrado, sé que se encuentran ellos, sólo ellos y nada más que ellos, «Ja, ja ja». Así, sin comerlo ni beberlo, todavía no soy consciente de que los demás nada tienen que ver con lo que a mi me sucede. Ego, me incita a sentipensar que son ellos los únicos culpables de mi desdicha, ¡Ay! ¡qué bonico mi Ego! y que bonica yo y mis conversaciones con intenciones ajenas.

El otro necesita… bla, bla, bla. El otro tiene que… bla, bla,bla. El otro debe hacer… bla, bla,bla. Y así, desde este diálogo interno, me encuentro dentro de una rotonda emocional y egótica, atesorando pensamientos y acciones que refuerzan este concepto, de que la solución y la felicidad se encuentra fuera de mi y en mis alrededores. Una mágica ilusión que sólo me mantiene sumergida en esa rotonda emocional egótica, transitando en su embrujo inconsciente. Y mientras, los demás, observando ese baile circular de mi misma y mis separaciones, comparaciones y juicios, sin enterarse de qué pretendo y dónde se encuentra todo eso que siento la necesidad de transmitir y cambiar en los demás, para que mi vida esté colmada de felicidad y abundancia.

Desde este lugar, desde estas acciones y viviéndome en «tus asuntos», me pierdo la vida, me pierdo «MI VIDA», y sobre todo, la cantidad de regalos que me he pedido al pactar con todas y cada una de las personas que han pasado y siguen pasando por mi camino de vida.

Desde mi nacimiento, bailo con encuentros de seres convertidos en personas que respetan cada uno de nuestros pactos, interpretando el papel que asumieron con ese sagrado pacto común. Mis padres, los primeros elegidos en mi «engordamiento de consciencia», repletos de regalos para mi, uno a uno hacen de mi vida, un encuentro de planes correctos plasmados en un mapa del tesoro, que me devuelve al amor infinito en conjunción con mis hermanos y todos mis ancestros, estos que respetaron sus encuentros y que hicieron posible que yo y mi yo, nos encontremos en este mundo de formas, recogiendo todo cuanto acontece en el camino.

Pura magia correcta, que me invita a visualizar la corrección de cada acción, de cada encuentro, de cada mirada, fractura, acompañamiento, facilitación, puente, borrador y medicina para esta mi alma. Pactos sagrados que me devuelven al amor y a su engordar, llenarme y engrandecer mi alma con cada palpar de manos, con cada latido de alma, con cada mirada sentida con los ojos del cuerpo cerrados y los del alma, totalmente abiertos y listos.

Partiendo que la familia es todo y toda. Todo encuentro y toda persona que respeta nuestro «hemos quedado a menos cuarto para vivirnos y regalarnos» . Desde las altas esferas hay una decisión de amor para cada uno de nosotros, aunque aquí, en este mundo de formas, luego sea juzgado por nuestro Ego y sus identidades y sus comportamientos y sus relaciones y sus alimentos, son actos de amor absoluto y respeto hacia peticiones ya tomadas y correctas. Nada de lo que nos sucede es ajeno a estas decisiones, a estos pactos sagrados de amor para nuestro volver individual a la unidad, a ser una con Dios. La familia nos regala infinitos tesoros, desde esa corrección. La familia nos aporta todo cuanto le hemos pedido que dé. La familia es minucionamente dadora de esos tesoros que se encuentran impresos en nuestro plan de alma y, uno a uno, vamos recogiendo con el mayor de los cuidados.

La familia integra la parte más importante de engordamiento consciente, ella aporta individuos que representan el papel asumido y asignado para cada cometido. Persom’s fracturadoras que nos abren las carnes para dejar paso a la esencia, al amor, a la profundidad de los que somos, rasgando la materia y dejando paso a la luz, al amor, a la corrección de esa decisión que pactamos en conjunto, desde la comprensión y el perdón de esa fractura pedida y aceptada por ambos. ¡Te voy a odiar!, ¿Lo sabes? dice mi alma en esa reunión de pactos sagrados, desde el amor infinito. ¡Lo sé! me dice el alma del otro, desde la unidad, siendo en ese instante una con Dios. ¿Y aún así quieres nuestro encuentro? ¿Estás lista, dispuesta a vernos «a menos cuarto»? le repite mi alma para sellar nuestro pacto sagrado. ¡Exacto, yo también sanaré con ese, nuestro encuentro. Gracias! Y el amor nos envuelve y nos sella y nos entrega al plan del alma para encontrarnos, para engordarnos, para sanarnos, para devolvernos al amor y la unidad, para volver a sentir que somos una con Dios y acercar todos nuestros cuerpos, todos nuestros mundos, todas nuestras vidas al amor.

La familia y sus Persom`s facilitadoras, que nos abrigan el frío de la soledad, de la tristeza, del rechazo y la separación. Ellas, como dulces cantos mágicos, envuelven nuestro cuerpo con bálsamo de vida, para facilitar nuestro camino y convertirlo en un lugar transitable para seguir con nuestro plan de vida, con nuestros pactos de corrección sobre algo que ya es correcto en sí mismo. La familia y sus Persom´s borrador, que salen al encuentro de nuestras lagrimas y las secan con las risas, con el baile, con la música, con cualquier acto de ternura que haga posible borrar las cicatrices creadas por los sucesos que nos quiebran, o nos mantienen en esa rotonda emocional egótica, dramática o de separación. Borran con su presencia el dolor. Borran con su mirada la soledad. Borran con sus caricias la fría noche del alma.

La familia y sus Persom´s puente, acompañantes y medicina, nos cierran las carnes del alma y colocan oro en sus huecos prestados, colocan calidez, validez y amor convirtiendo la piel de nuestra alma en un lugar para vivir, para soñar, para volver al amor que somos y sentir de nuevo, que somos una con Dios.

La familia, nos abren las carnes, sacan el valor que somos, desde la correción de una decisión pactada sagradamente y nos las cierran de nuevo con el valor de lo vivido, con la elasticidad de lo aprendido, con el oro del regalo que son, añadido a nuestra vida, engordando nuestra consciencia y sellando el amor en cada paso.

Y transcurre el tiempo con todo lo aprendido, con todo lo vivido y soy consciente que ellos, están desde el respeto de lo pactado, que nada tienen que cambiar, que nada tiene que asumir, que son, para que yo sea. Tomo consciencia que cada uno de los actos que he realizado, eran parte de un plan trazado desde el perdón y que ellos solamente son la presencia de mi corrección, acompañándome en el aprendizaje y la toma de consciencia, facilitando en cada encuentro, recoger todos los tesoros que fui depositando para ser descubiertos, para impregnarme de ellos y recordarme completa con ellos.

Nada era para ellos, todo era para mi con ellos. En un baile de encuentros, con la música del respeto sonando, se ha ido orquestando la composición más bella y perfecta que podía vivir, «AHORA» y asi la tomo, tal cual es, porque no podía ser de otra forma.

Volver al amor desde un pacto sagrado de AMOR.

Gracias, gracias y gracias.

Maku Sirera Pérez

ME QUEDÉ VIUDA DE SENTIMIENTO Y HUÉRFANA DE EMOCIONES

ME QUEDÉ VIUDA DE SENTIMIENTO Y HUÉRFANA DE EMOCIONES

Y de repente, sin saber cuándo pasó, mis emociones en la relación de pareja se escondieron, como una niña asustada y huérfana, se ocultaron en lo profundo de mi corazón, llevando consigo la tendencia a esconderse cada vez más profundo, buscando refugio, ese lugar que guarda el amor de mamá custodiado por el amor de papá.

Fui consciente hace poco, que la mirada hacia el hombre había cambiado en mi, como si en algún momento de mi vida, algo o alguien se hubiera llevado el amor romántico creyendo que me hacia un favor, creyendo que así ya no dolería y sin embargo tan solo era un gesto de supervivencia, como una pequeña gran anestesia para permitir ocultar mis sentimientos, si cabe aún, más profundos todavía.

Camino por la vida ajetreada, poniendo foco en lo que acontece delante, sin querer mirar ese lugar mío de soledades profundas, sin dejarme sentir el dolor de mis heridas, creyendo desde mis creencias fabricadas en esa decisión que tomé en algún momento, sin ser consciente que en cada una de ellas, existe un cachito de mi corazón doliendo, una emoción sangrando, un sentimiento supurando para llamar mi atención y yo, tan solo las tapo, las escondo, las pinto, las adorno, la cubro con sedas, colores, sonrisas y diálogos de inexistencia para, de esta forma, no detenerme a mirar como lloran solas y atenderlas y limpiarlas, y sanarlas desde el amor, lo único que me salva.

Creía que el amor era universal, sin nombres ni género, sin mentes, con el corazón envuelto en alma y listo para salir al mundo, y cuando me hallo en esta observación, cuando creo estar convencida de que puedo seguir caminando con mis heridas guardas y fingidas, creyendo haber sanado desde lo oculto, sin mirar de frente a mis miedos, a mis sangrantes duelos, a mi misma y mis aventuras, cuando creo sentirme huérfana y viuda de emociones y sentimientos y elijo seguir caminando por este mundo de formas, intentando dar forma a mis encuentros, la mirada del amor se me muestra y me detiene y me habla y me acaricia y me susurra y me roza y me baila y me calma con su ungüento de paz y desde la quietud más absoluta, descubro de nuevo todas y cada una de mis heridas con otra mirada, sanando de un plumazo alguna de ellas y dejando que el oxígeno deje respirar a las otras.

Y como un baile de encuentros, con amabilidad, con ternura, sin prisas y desde la observación del perdón, soy consciente de que el dolor calmó, que ocultar no sana, sólo provoca más dolor, olvidando ya desde dónde y en qué lugar me hirió, contagiando todo a su paso, ensombreciendo el cuerpo, la mente y el alma.

Levanto mi mirada hacia la presencia del amor, en este instante permanezco y soy consciente de que el perdón ha venido a visitarme para regalarme La Paz, “ha estado bien hasta el momento, aunque ya es suficiente para ti de esto. Ahora toca dejarte en La Paz y perdonarte entera, dejar que yo bañe tus heridas y las adorne de calma y brisas de felicidad” eso me dice su mirada, sus caricias, su ternura.

Y en un instante de tiempo, soy consciente que nunca fui huérfana, ni viuda, sólo fueron elecciones para sanar mi dolor desde un lugar egótico, desde la separación y el juicio hacia mi misma y hacia las circunstancias que rodeaban ese lugar de sombras. Una elección de vida que me privaba de ella. Una decisión perfecta que me dejó permanecer en la soledad para poder encontrarme de nuevo, para recordar que no estoy sola, que nunca lo he estado y nunca lo estaré, pues el amor siempre camina conmigo, a mi lado, recordándome que soy una con Dios, desde el respeto a mis elecciones, entre las luces y las sombras, sin soltarme ni un solo instante.

El amor se sirve de personas, “PERSOM’S MEDICINA”, para ayudarnos a comprender, para facilitarnos el perdón a una misma, para sanar las heridas y volver al amor que somos. Personas que con sus palabras, gestos, miradas y presencia van colocando tiritas impregnadas en AMOR y dejando que las heridas curen la profundidad del tiempo y el momento sanando toda tu historia y devolviéndote a la vida.

Gracias infinitas al amor.

Gracias infinitas a la calma.

Gracias infinitas a mi alma y su permitir volver a su esencia.

Gracias a las PERSOM’S MEDICINA, por respetar nuestro pacto y encontrarnos en este mundo de formas en el momento correcto y perfecto.

Gracias al amor y su infinita presencia.

Maku Sirera Pérez

PAPÁ, UN LUGAR PARA LA LIBERTAD

PAPÁ, UN LUGAR PARA LA LIBERTAD

Cuantos cuentos contados desde el mismo instante que me tuviste entre tus brazos. El lugar más seguro de mi historia, papá.

Maku Sirera Pérez

Cuentan en los libros de psicología, en lienzos escritos por conocidos sabios, filósofos y eruditos de mentes inconscientes que, para una niña, su padre, es el primer amor, su primera imagen de admiración, el primer lugar donde mirarse diferente a mamá y para ella misma.

Pues si, personalmente tengo que reconocer que con los años así lo siento, mi padre, mi primer amor, la primera persona a la que admiré. Mi padre fue y sigue siendo un lugar donde mirarme para ser yo, sí, ser yo he dicho, y esto, nada tiene que ver con lo masculino, no, al contrario, tiene que ver con lo femenino, con mi feminidad, con la mirada que permito de los hombres hacia mi.

El padre, es el primer lugar donde se reconoce una mujer y también un hombre, aunque éste será otro tema, hoy quiero hablar desde mi visión, desde la mirada de una niña que juega a ser mujer y a madurar para vivirme libre, y no estoy hablando de tendencias sexuales, que también, me refiero a la figura paterna y su aporte, a la importancia crucial y vital de la figura paterna en la vida de una persona y en este caso, de una mujer.

Desde esta importante figura, el padre, una niña aprende a recibir amor, sobre todo a recibirlo en las relaciones de pareja. Una niña, y digo niña en su amplio significado, aprende de mamá a dar amor, a expandirse, a completarse a ella misma para ser y sentir, a llenarse para luego regalar y dar en equilibrio. Con mamá, las mujeres, aprendemos a tener la capacidad de elegir las relaciones de pareja en el «dar amor», si mamá no supo amar a los hombres, nosotras viviremos aprendiendo a amar en cada relación pactada, desde la lealtad a las mujeres de nuestro clan y a nuestra madre. Y digo que «no sabía», pues en los primeros años de vida de un ser humano, negamos la esencia primaria del ser, olvidamos lo que somos, amor, para darle paso a Ego y sus definiciones y vivirnos separados, juzgados y en búsqueda constante.

También aprendemos del amor con papá, siendo de igual importancia para vivirnos en equilibrio y elegir a la persona que nos acompañe por el camino de la relación de pareja, desde el disfrute y el amor.

Una niña aprende de papá a recibir el amor. Con él, aprendemos a permitirnos ser amadas, a elegir relaciones de pareja que reflejen la mirada de reconocimiento de lo que es y lo que creemos merecer. Aprendemos a sentirnos deseadas, atractivas, sin peticiones, sin reclamarlo, sin exigirlo y a descubrir nuestro propio reconocimiento físico, desde la independencia y la autonomía emocional.

Como papá ama a mamá, nosotras elegiremos el amor de pareja y repetiremos esa relación en nuestros escenarios, bien sea por exceso o por defecto, desde el espejo o la sombra.

Si papá no supo amar a nuestra madre, no supo amar a las mujeres y respetar su presencia, nosotras viviremos experiencias sufrientes y carentes de amor recibido. No existen culpables en las relaciones, sólo existen personas que llevan dolor en su interior o regalan amor a su exterior.

El niño que juega a ser hombre durante la vida, el hombre, aprende a recibir amor de la figura materna, de la madre, si él no aprendió a ser merecedor de recibir un amor sano, no sabrá como entregarlo, caminará por su historia en búsqueda constante hasta que tome consciencia de ello, en ese instante comenzará un maravilloso recorrido hacia la libertad de ser el mismo, sin reproches ni culpables, sintiéndose capaz de entregar lo que siempre existió en él, el amor del comienzo de la vida con una mujer, su madre. En este instante dejará de existir la separación.

Si papá fue negado, bien por falta de amor propio, por carencia de amor de las mujeres de su clan o la falta de un espacio paterno de límites y abastecimiento emocional, nosotras, viviremos ausentes de reconocimiento, viviremos con un vacío existencial que buscaremos constantemente en todas las relaciones, en especial en las relaciones de pareja.

Nuestra mente y nuestra esencia están inevitablemente unidas al perdón de toda acción que, por cualquier motivo, no nos lleve al amor. La carencia nos mantiene en un circuito, en una rotonda emocional egótica y adictiva que nos destroza inconscientemente. La buena noticia es, que el camino está lleno de señales, esa rotonda emocional tiene un sinfín de salidas, «LA SEGUNDA SALIDA», «LA SIGUIENTE SALIDA», señales tales como; experiencias, frases, sucesos, películas, canciones, libros, personas que nos facilitan la salida a un paraíso propio, escenarios que nos indican como retomar nuestro poder y liberarnos de ese vacío, de su ausencia y de esa búsqueda constante. Salidas que nos conducen a lo que nos merecemos, a un lugar de reconocimiento y permiso para ser amadas, un espacio donde existe el amor en toda su magnitud, esperando su fuerza para permitir el amor y recibirlo.

Como papá nos ha amado a nosotras, será nuestra relación íntima, nuestra vulnerabilidad consciente o inconsciente en el arte de la relación de pareja. Encontramos en su figura el amor propio para abrigarnos en tiempos de caos o tempestades emocionales y la capacidad abundante para «amarnos lo suficiente para levantarnos de una relación, situación o suceso», poner límites al desamor y tomar la fuerza necesaria para reconocernos en el amor que somos.

Papá es un lugar para madurar, crecer en autoestima y en reconocimiento de lo que hacemos y su recompensa. Papá protege, limita, reconoce la valía que somos y mostramos, es el éxito de nuestro interior y del merecimiento expuesto y permitido.

Papá, es ese lugar sin puertas ni ventanas, un espacio sin barbas y con la entrega del amor incondicional, que limita la mirada de ego y permite el amor abundante y equilibrado hacia nosotras mismas.

Papá, ese lugar para crecer, para ser con y por excelencia de lo merecido, aprendido y hecho. Un lugar para retribuirnos de lo relacional para un merecido disfrute y descanso.

Papá, un lugar para crecer y madurar, un lugar donde darnos la vuelta hacia nuestra propia vida, cogerla con las manos del alma y nutrir nuestros proyectos, deseos e ilusiones, abasteciendo de todo y para todo nuestro futuro.

Tomar a papá, averiguar la belleza oculta que se haya en él y tomarla, con todo lo que fue y es, aunque no ocurriera como a nosotras nos gustó o deseamos, es vital para vivirnos en un camino de éxito y disfrute.

Darle su lugar, el primero de los hombres, aunque su lugar transcurriera ausente, o vacío, o negado, o lo que fuera que ocurriese cuando éramos niñas, es de vital importancia para no descubrirnos buscando ese espacio, su figura y su significado vital en cada una de las relaciones, sobre todo en las relaciones de pareja.

Honrarlo para honrarte.

Darle su lugar para tener tu lugar.

Tomarlo para tener y hacer.

Maku Sirera Pérez

UNA MADRE, ENVEJECE MIL AÑOS CON LA PARTIDA DE UN HIJO

UNA MADRE, ENVEJECE MIL AÑOS CON LA PARTIDA DE UN HIJO

Me salen todos los «te amo», cuando te acompaño al comienzo de tus vuelos, «te amo» que me llenan la vida y me vacían de lágrimas el alma. Maku Sirera Pérez


Una madre, envejece mil años con la partida de un hijo y va recuperando la juventud tramito a tramito, con cada paso firme que observa detrás de su figura, la de su hijo.

Creciendo tus huesos en libertad, en conjunción con las canas que me peino, te veo partir seguro de tí mismo, con pequeñas lágrimas de agradecimiento, con un abrazo sentido que recoge una parte de mi «ser madre» para llevarla contigo, como un pequeño tesoro escondido en tu interior, al que sé que cuidarás siendo feliz con tus logros.

A tu lado, caminando hacia la puerta de tus sueños, abrazada a ese gran hombre que ya observo, se me van cayendo lágrimas por dentro, lágrimas de amor y admiración por tu paso firme, decidido y amplio, recogido en un abrazo eterno lleno de agradecimiento.

Y te acompaño con la felicidad de observar esa estela que vas dejando, una estela que recojo con las manos de mi alma, como si de ella me llenara la mía, con ese avanzar firme y amable, ese que siempre has tenido desde pequeñito y hasta este momento. Una estela de elegancia que deja partes de ti con una energía indestructible a tu paso.

Envejezco un poquito cada vez que te veo partir por notar tu ausencia, y cuando me abrazas, algo en mí vuelve y me recuerda que partes como fuerza de la naturaleza, partes a realizar tus sueños, partes a ir tejiendo tus logros, partes a componer el mundo con lo vivido contigo. Partes y se me parte un trocito de mí con tu partida.

Ese vacío que queda en mí, observo que se llena de la esencia de tu estela al caminar, de lo inolvidable de tu presencia, de que lo que tienes delante de tí es elegido desde esa alma tan bonita que eres… Y entonces, el amor que me sujeta y nos sustenta, me recuerda que los vacíos del alma son llenados con el amor, y entonces, como cánticos de eternidad, se me van cayendo millares de «TE AMO», desprendiéndo el envejecimiento que causa tu partida y volviendo al amor del momento.

Se me caen millares de «TE AMO», y el dolor se convierte en certeza, en comprensión y la experiencia la siento más amable y fácil de observar. Y caen de mí e invaden el camino, esos «TE AMO», invaden y convierten un momento de dolor en el comienzo de tu principio. Siento que nada cae, que esos «TE AMO» iban entrelazados con tus pasos y los míos, con tus risas y las mías, con tus abrazos y los míos.

Esas palabras que de pequeño me decías «MAMI NO TE CROCUPES, YO ESTARÉ JUNTITO A TI EN TODOS LOS SIGLOS, COMO CUNDO TÚ TÁS EN MI COLONIA», vienen a mi hoy desde la voz de un hombre, desde el abrazo más reconfortante y mágico que una madre puede recibir de su hijo, mi hijo, con el alma más bonita que jamás he visto unida a la de tu hermana mayor y escucho, como agua para mi alma, «MAMI NO TE PREOCUPES, ESTARÉ BIEN, NO ME VOY DE TI, ME VOY CONTIGO A SER».

Y sigues ofreciendo tu esencia en nuestras conversaciones y se me para el tiempo mirándote, escuchándote y viéndote marchar, desde unas palabras que recomponen mis canas y las vuelven bellas, dibujando el blanco de la magia de ser madre. «MAMI SABES QUE NO CREO EN ESO QUE TÚ DICES DE ELEGIR A LOS PADRES ANTES DE NACER, SIN EMBARGO, SI HAY ALGO DE VERDAD EN ESO, SIENTO QUE SOY «UN CRAC» PORQUE HE ELEGIDO A LA MEJOR MADRE DEL MUNDO, TE QUIERO POR TODOS LOS TIEMPOS».

《.-Mami, como dices tú,  tengo todo lo necesario para vivirme en esta experiencia,  y me siento totalmente capaz de lograr mis sueños, si tú me sigues mirando como siempre lo has hecho, así,  como ahora lo haces y me acompañas. «NO TE «CROCUPES» MAMI».

Voy caminando a tu lado, abrazada a tí y en la aceptación de tu partida envejezco en un instante mil años, y al mirarte, al abrazarte, siento que la vida vuelve para quedarse, con tu sonrisa, con tu certeza, con tu esencia, con la conexión de esa alma tan bonita que eres. Vuelve el amor y nos envuelve, como madre e hijo nos conecta más allá de la presencia y de la ausencia y me recuerda tus palabras dichas hace unos instantes, que han sido pronunciadas por mis labios mil veces…»TENGO TODO LO NECESARIO PARA VIVIRME EN ESTA EXPERIENCIA» y me besa la magia, y entre lágrimas internas me despido con un «TE AMO HIJO», disfruta y sigue sintiéndote feliz. Nos vemos en un abrir y cerrar de tiempos… un segundo y estarás de vuelta.

Una madre, envejece mil años con la partida de su hijo y poco a poco, a tramitos de sus logros y con la visión de la sonrisas de sus sueños, va recuperando la juventud de verlo nacer de nuevo.

Entre mi corazón y el tuyo no existe la distancia, sólo existe el amor eterno e infinito. Que alma más bonita la tuya hijo. «TE AMO».

Maku Sirera Pérez

SOLTERA HASTA QUE ME AME LO SUFICIENTE

SOLTERA HASTA QUE ME AME LO SUFICIENTE

La luz más brillante, es aquella que luce en la oscuridad de la aparente nada. Maku Sirera Pérez


Me quedaré soltera, hasta que me ame lo suficiente que sea innecesario el reclamo de mis carencias.

Me quedaré soltera, hasta que me ame lo suficiente que sea innecesario el demandar de mis ausencias.

Soltera, aunque reunida con mis valores, mis intimidades, mis diálogos y mis silencios emocionales y así, sentir las cantidades y las calidades de lo que voy descubriendo.

Soltera, porque entera estoy y soy desde que nací, desde la milésima de segundo del encuentro entre las células de mis clanes y de todo mi sistema familiar conjuntado.

Soltera, porque entera camino mucho antes de ser consciente de mis formas y de las formas en las que aprendí a relacionarme.

Amar mi mente, para amar la mente.

Amar mi cuerpo, para amar el cuerpo.

Amar mi corazón, para amar el corazón.

Amar mis canas, mis arrugas, mis caídas, mis lentitudes y mis prisas, amar la transformación de mi juventud que sigue siendo una bella obra y así, crear amando los cambios ajenos.

Observar la contemplación de la vida pasando por mi piel, para amar la piel del otro y contemplar la vida en el otro.

Quedarme soltera, hasta que mi alma se reconozca en cada minuto compartido sin expectativas, sin peticiones, sin carencias y sin ausencias.

Quedarme soltera, hasta sumar todo de mi misma sin peticiones de cambios ajenos. Amando lo que es, lo que soy.

Quedarme soltera, hasta renunciar a la necesidad de etiquetar mi camino conjunto por la urgencia de controlar lo que creo tener mio.

Quedarme soltera, hasta que sea innecesario sentir el especialismo de la convivencia exigida o consentida, asumiendo la sumisión de ser única en el territorio.

Quedarme soltera, hasta que sea inevitable caminar a la misma altura con el otro, con el mismo ritmo que el otro y sin sentir la necesidad de pedirlo ni de observarlo, sólo vivirme en el fluir de la certeza.

Quedarme soltera, hasta vivirme en la soltería desde la abundancia de crecer en relación, de sumar creciendo en relación, de aunar creciendo en relación.

«QUEDARME SOLTERA, HASTA CRECER EN RELACIÓN«

Maku Sirera Pérez

CREO EN EL SER HUMANO, «FELIZ UNIDAD»

CREO EN EL SER HUMANO, «FELIZ UNIDAD»

Sé, que seguiremos uniendo corazones y compartiendo momentos de celebración, aunque decidamos cambiar el nombre de NAVIDAD por UNIDAD. Maku Sirera Pérez


???? Berth Hellinger:
«La vida te desilusiona para que dejes de vivir de ilusiones y veas la realidad.

La vida te destruye todo lo superfluo, hasta que queda solo lo importante.

La vida no te deja en paz, para que dejes de pelearte, y aceptes todo lo que Es.

La vida te retira lo que tienes, hasta que dejas de quejarte y agradeces.

La vida te envía personas conflictivas para que sanes y dejes de reflejar afuera lo que tienes adentro.

La vida deja que te caigas una y otra vez, hasta que te decides a aprender la lección.

La vida te saca del camino y te presenta encrucijadas, hasta que dejas de querer controlar y fluyes como rio.

La vida te pone enemigos en el camino, hasta que dejas de “reaccionar”.

La vida te asusta y sobresalta todas las veces que sean necesarias, hasta que pierdes el miedo y recobras tu fe.

La vida te quita el amor verdadero, no te lo concede ni permite, hasta que dejas de intentar comprarlo con baratijas.

La vida te aleja de las personas que amas, hasta que comprendes que no somos este cuerpo, sino el alma que él contiene.

La vida se ríe de ti tantas veces, hasta que dejas de tomarte todo tan en serio y te ríes de ti mismo.

La vida te rompe y te quiebra en tantas partes como sean necesarias para que por allí penetre la luz.

La vida te enfrenta con rebeldes, hasta que dejas de tratar de controlar.

La vida te repite el mismo mensaje, incluso con gritos y bofetadas, hasta que por fin escuchas.

La vida te envía rayos y tormentas, para que despiertes.

La vida te humilla y derrota una y otra vez hasta que decides dejar morir tu EGO.

La vida te niega los bienes y la grandeza hasta que dejas de querer bienes y grandeza y comienzas a servir.

La vida te corta las alas y te poda las raíces, hasta que no necesitas ni alas ni raíces, sino solo desaparecer en las formas y volar desde el Ser.

La vida te niega los milagros, hasta que comprendes que todo es un milagro.

La vida te acorta el tiempo, para que te apures en aprender a vivir.

La vida te ridiculiza hasta que te vuelves nada, hasta que te haces nadie, y así te conviertes en todo.

La vida no te da lo que quieres, sino lo que necesitas para evolucionar.

La vida te lastima, te hiere, te atormenta, hasta que dejas tus caprichos y berrinches y agradeces respirar.

La vida te oculta los tesoros, hasta que emprendes el viaje, hasta que sales a buscarlos.La vida te niega a Dios, hasta que lo ves en todos y en todo.

La vida te acorta, te poda, te quita, te rompe, te desilusiona, te agrieta, te rompe … hasta que solo en ti queda AMOR. (Bert Hellinger)


Bert Hellinger, fue un gran maestro en este mundo que nos ayudó a entender al ser humano y sus grandezas. Nos facilitó la oportunidad de desprendernos de creencias, como ropajes que limitan lo que somos y como nos relacionamos, para ser más en esencia y alma.

El ser humano está provisto de todo para vivirse en los escenarios de vida desde la abundancia, la felicidad y el amor.

Somos en esencia lo que vive en nuestro interior y de lo que estamos creados todos, el amor en nuestra materia prima y es, con esta base, con la que nacemos. Recordar nuestra grandeza, recordar nuestra esencia y la creación de la misma es para lo que hemos elegido nacer. Podemos demorar este fin, el tiempo que elijamos vivir en el miedo, el amor es en todo los tiempos y, desde la permanencia del infinito, él, hará lo incansable para mostrarse en todo.

Existen más seres humanos creando que destruyendo.

Existen más seres humanos ayudando que impidiendo.

Existen más seres humanos sonriendo que llorando.

Existen más seres humanos ocupados en cooperar y crear colaboración que preocupados en sí mismo.

Creo en el ser humano y su capacidad de amar, sobre todo en los momentos mas difíciles de la vida.

Creo en el ser humano y su naturaleza cocreadora de belleza, de unión y sanación conjunta.

Sé, que seguiremos celebrando momentos de paz, de unión y de abrazos de vida, aunque le cambiemos el nombre.

Sé, que seguiremos uniendo corazones y compartiendo momentos de celebración, aunque decidamos cambiar el nombre de NAVIDAD por UNIDAD.

¡¡Feliz Navidad, FELIZ UNIDAD!!

????¡¡Que la paz sea con todos!!????

  • Maku Sirera Pérez
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