¡YO SOY ASÍ!, TEMAZO PARA UNA SERIE

¡YO SOY ASÍ!, TEMAZO PARA UNA SERIE

“YO SOY ASÍ Y ASÍ SEGUIRÉ”, CANCIÓN CONVERTIDA EN HIMNO DE LOS REPETIDORES.

La reina de las excusas humanas es “YO SOY ASÍ”, temazo para una serie de 1000 temporadas donde se “renuevan personajes con el mismo argumento”.

Ésta, la súper excusa, es la reina madre de todas las excusas que utilizamos para no cambiar, para seguir culpando a todo y a todos en nuestros escenarios desagradables, sufrientes, dolientes y tóxicos de nuestra vida.

Si en tu vida algo no funciona, cambia.
Si en tu vida no obtienes lo que deseas, cambia.
Si en tu vida repites experiencias, escenarios o patrones que te disgustan, cambia.
Los demás no, tú. Si tú no lo haces por ti, ¿Por qué crees que los demás lo harán o «TE» deben hacerlo? Me refiero a cambiar por ti, tus deseos y tus resultados.

Mi creencia sobre esto y como dice uno de mis maestros preferidos Salomon Sellam es, «No tienes un problema, tienes un programa». La buena noticia es que los programas se cambian, ellos no definen tu vida y mucho menos a ti.

El secreto de los desordenes amorosos.(Salomon Sellam)

 

Como decía mi amado padre, «la falta de autoestima es como los gases en la tripa, cuando salen, el último en olerlo es el dueño y aunque quiera escapar, le perseguirá vaya donde vaya hasta que le ponga remedio».

Si acudes a un pozo a extraer agua y éste, está seco. Vuelves de nuevo al pozo, una y otra vez (YO SOY ASÍ), aún sabiendo que está seco, ¿el problema es del pozo que está seco, o tuyo? La historia que te repites es mental, es decir; «los pozos son para tener agua», «mi padre venía aquí cuando yo era pequeño y este pozo tenía agua», «el que la sigue la consigue», «la perseverancia es el jefe de la abundancia», «no cambies les sendes velles per les novelles«, «no hay nada nuevo bajo el sol», «cualquier tiempo pasado fue mejor», y así In saecula Saeculorum, como si de una reunión de Lemures ilustrados se tratara.

Este comportamiento es igual, similar, semejante, parecido, Bla, Bla, Bla a cuando decimos.- «Yo soy así», «voy a seguir haciendo las cosas como siempre«, «porque así me parieron», «porque no voy a dejar de hacer las cosas como las he hecho siempre, si los demás no lo valoran, allá ellos», «porque se han hecho así siempre«, «como toda la vida», «mi padre/madre lo hacia así», «porque no quiero cambiar, yo soy así», «lo hago porque me sale del corazón», (ignoraba que ego tuviera corazón) y , con ese corazón en tus manos hecho cachitos, porque has permitido que jugaran con él, un día más tarde, un mes más tarde, un año más tarde o una vida más tarde te deprimes, te entristeces, lloras por los rincones de ese corazón que cantó «a grito pelao, YO SOY ASÍ», porque de nuevo no te reconocen, no te aprueban, no te autorizan, no te miran, no te.., no te.., no te… Una temporada tras otra, cambiando personajes como en la famosa serie Juego de Tronos, que cuando te has encariñado con uno, ¡venga, va y se muere! O desaparece sin más o, pasa en un segundo de ser personaje principal a no salir ni en los créditos. Y nosotros ahí, tragando pantalla, perdiendo el tiemposí el tiempo, ese bien tan maravilloso que no regresa, ¡Ahí estamos y ahí está nuestro Ego! Cantando a doble voz y repitiendo “YO SOY ASÍ Y ASÍ SEGUIRÉ “, con el “tú tú tú tú “ de su trompeta como acompañamiento central.

Regalando días, esfuerzo, sentimientos, emociones, expectativas, planes, deseos, ilusiones y compromisos que tan sólo fueron promesas vacías, como ese precioso pozo seco.

Pues va a ser que en algún momento tendrás que dejarlo, tendrás que parar, detenerte y decirle a ego que se calle, que ya es suficiente para ti de esto, «¡YA ES SUFICIENTE!». Que pare de cantar para un público inexistente que por estar, no te ha comprado ni la entrada a tu escenario. Parar, detener tus daciones en petición y permanecer en el silencio de la noche oscura del alma, dejándote en la observación de quien eres, recordando quien eres y permitiendo que tu canción, esa que entonan tus Ángeles todos los días para que retornes al amor, resuene desde tu alma hasta tu cuerpo y vuelvas al SER, «YO SOY», eligiendo dejar a un lado el «ASÍ», ese adverbio que te limita y le da juego a ego y sus orquestas.

¿Y si te cantas un solo?, a una voz, dejando en el suelo de ese pozo seco la trompeta de ego y su tú tú tú, atreviéndote a entonar una balada de rock que cuando comience a brotar por tu garganta, estremezca todo tu cuerpo y lo recorra, provocando temblores de libertad en tu piel, uniéndose la tierra a tu paso, con un estribillo que dijera algo así como «YO SOY HOY», «YO SOY ETERNA, SIN FORMAS, SIN REJAS, INFINITA, SIN TIEMPO Y AHORA«. No sé, quizá así, o de otra forma, ¡Qué más da! Dejándote llevar por el viento de la certeza, sin miedo a los cambios, al renuncio de vivirte en una rotonda emocional por aquello de «no canvies les sendes velles per les novelles», y confiar que tienes todo lo necesario para vivirte en cada experiencia presente, ahora. Confiar que eres inocente en cada paso que das y que la persona que fuiste hace un año, un mes, un día o un segundo ya no existe, ya «ES» transformada por ese cántico a la vida, a la libertad y al amor que te recuerda que no perteneces a nada ni a nadie, pues el SER es infinito.

Cambiar el siempre por el ahora, tan simple como eso. Transformar el «YO SOY ASÍ» por «YO SOY» y permitirte el merecimiento, la valía y la suficiencia que te da «confiar«.

Todo está bien y es perfecto en mi mundo de posibilidades. ¡CONFÍO, YO SOY!

Maku Sirera Pérez

PERMANECERÉ SOLTERA HASTA QUE ME AME LO SUFICIENTE

PERMANECERÉ SOLTERA HASTA QUE ME AME LO SUFICIENTE

La luz más brillante, es aquella que luce en la oscuridad de la aparente nada. Maku SirerPérez


Permaneceré soltera, hasta que me ame lo suficiente para que sea innecesario el reclamo de mis carencias.

Permaneceré soltera, hasta que me ame lo suficiente para que sea innecesario el demandar de mis ausencias.

Soltera, aunque reunida con mis valores, mis intimidades, mis diálogos y mis silencios emocionales y así, sentir las cantidades y las calidades de lo que voy descubriendo.

Soltera, porque entera estoy y soy desde que nací, desde la milésima de segundo del encuentro entre las células de mis clanes y de todo mi sistema familiar unificado.

Soltera, porque entera, camino mucho antes de ser consciente de mis formas y de las formas en las que aprendí a relacionarme.

Amar mi mente, para amar la mente.

Amar mi cuerpo, para amar el cuerpo.

Amar mi corazón, para amar el corazón.

Amar mis canas, mis arrugas, mis caídas, mis lentitudes y mis prisas, amar la transformación de mi juventud que sigue siendo una bella obra y así, crear amando los cambios míos y ajenos.

Observar la contemplación de la vida pasando por mi piel, para amar la piel del otro y contemplar la vida en el otro.

Permanecer soltera, hasta que mi alma se reconozca en cada minuto compartido sin expectativas, sin peticiones, sin carencias y sin ausencias.

Permanecer soltera, hasta sumar todo de mi misma sin peticiones a cambios ajenos. Amando lo que es, lo que soy.

Permanecer soltera, hasta renunciar a la necesidad de etiquetar mi camino conjunto, por la urgencia de sentirme sola o por miedo a envejecer en soledad.

Permanecer soltera, hasta que sea innecesario sentir el especialismo de una relación y la convivencia exigida o consentida.

Permanecer soltera, hasta que sea inevitable caminar a la misma altura con el otro, con mi altura propia. Con mi ritmo en conjunción con el mismo ritmo que el otro y sin sentir necesidades, emocionales ni románticas, sólo vivirme en el fluir de la certeza del amor y disfrutarlo como es.

Permanecer soltera, hasta vivirme en la amabilidad de la soltería desde la abundancia de crecer en relación, de sumar creciendo en relación, de aunar creciendo en relación.

Maku Sirera Pérez

LA SOMBRA, ETERNO GUARDIÁN DEL SER

LA SOMBRA, ETERNO GUARDIÁN DEL SER

 

Lo que niegas te somete, lo que aceptas te transforma (C. Gustav Jung)

La SOMBRA, se construye en los primeros años de vida del ser humano, aunque no es exclusiva de éste, ella habita en la experiencia, en el inconsciente colectivo y humano, como llamaríamos, “guardar en la nube” distintas cosas que decidimos apartar de nuestro día a día; experiencias, negaciones, traumas, dramas, duelos, no dichos, comportamientos no aceptados, ideas, emociones no permitidas y todas aquellas interpretaciones, que en un momento dado, decidimos guardar en lo más profundo de nosotras, de nuestro ser, o como yo digo «en las profundidades de la oscuridad de Ego», que no en su ático.

«No se pueden montar dos caballos con un mismo trasero», con esto me refiero a la cantidad de elecciones conscientes e inconscientes que hacemos a lo largo del día. Si elijo la decisión de tomar un café, en el instante que decido llevar a cabo esta acción, ya estoy descartando tomar, en ese mismo instante un té. Si tomara la decisión de elegir beber las dos cosas al mismo tiempo, también estaría dejando a un lado la decisión de tomar una sola bebida. Como bien sabéis, vivir es relación, somos relación. Nos relacionamos con nosotras mismas y con nuestro entorno y de esta forma crecemos. Me gusta mucho decir «Se crece en relación»; interaccionando, comunicando, interactuando, rozando, dialogando, intercambiando, debatiendo, abrazando, mirando, doliendo, rompiendo, fracturando, llorando, riendo, observando, respetando, con la predisposición de aprender más allá de una misma, siendo en relación con los demás y nuestro entorno crecemos, vivimos y perdonamos. Nadie existe aisladamente y por esa misma regla estamos en constante elección al vivirnos en relación, es inevitable.

En los primeros años de vida, el bebé se vive en la certeza de la corrección, sin ser consciente de sus programas heredados y de los patrones que lleva impresos en las células y su información ancestral. Él es, se vive sin preocupación desde el programa de supervivencia activado y con el amor brotando por todas y cada una de sus partes humanas. No piensa si será o no sustentando en brazos de un adulto, su mente no está en la preocupación de si será alimentado o no, se vive desde la quietud de la certeza de que nada le falta. Con el tiempo, rodeado de los patrones, creencias y programas de los adultos, de su entorno y desde el ático de Ego y su mirada absoluta, va experimentando la negación de su ser. Van apareciendo las heridas de rechazo, abandono, traición, humillación e injusticia y creando las máscaras de aprobación y reconocimiento que le facilitan vivirse en relación y calmar con ellas, la falta de aceptación. Repito, «Nadie existe aisladamente«.

Ego, entre su ático y sus profundidades, comparece con sus ropajes regalados con los que vamos fabricando nuestro personaje y facilitando el adaptarnos a un mundo de constructos de separación y juicios. Un mundo de formas, donde las formas son importantes para identificarnos y darle validez a lo que hacemos, a lo que tenemos y a lo que lo externo nos confía. Esos ropajes cubren nuestro ser y aíslan el dolor de sentirnos negados y también a nuestro verdadero YO. Vamos construyendo un personaje que nos facilita la relación en este mundo de formas, engrandeciendo las heridas, ocultas tras una máscara decorada de resignación social y familiar.

El amor, que existe por los siglos de los siglos y tiene el permiso eterno de la vida, se encuentra en lo que vemos con los ojos físicos y en lo que no vemos. Él nos ayuda a encontrarnos de nuevo con nuestra esencia, nos mantiene en conexión, sustentados y guiados por un cordón umbilical imaginario que jamás nos suelta, ni nos abandona. Entre ese ático de Ego y sus profundidades habita la paz, el amor y la esencia de lo que realmente somos, creando una dimensión paralela que permanece en la oscuridad, un lugar llamado sombra que custodia todo aquello que decidimos elegir ocultar, por tener las creencias de no ser aceptados en este mundo de formas, y ya sabemos que nadie existe aisladamente.

Desde su ático, Ego, se vive en la arrogancia, en la superioridad, en el juicio ajeno y su narcisismo, exudando creencias limitantes que lo hacen más poderoso, sin embargo, todo este montaje, todo este escenario es irreal, es un cuento que nos contamos como diálogo interno de conversaciones con nuestro yo a nuestro YO y que se han elaborado antes en las profundidades del mismo Ego, ese lugar oscuro donde hemos ido guardando todo aquello que no ha sido aprobado por nuestro sistema familiar y/o social. Cada vez que tomamos la decisión de darle valía a lo que los demás dicen creer que somos, enviamos a ese lugar oculto, custodiado por el amor eterno, lo que rechazamos de nosotras mismas, la verdad de un cuento contado por labios ajenos que desconocen nuestro dolor y al que le damos importancia, y con la fuerza de la verdad de lo indestructible, crece en la misma proporcionalidad con que lo hemos negado, con el poder imparable de lo que somos y su verdad, se hace público en las experiencias, en las PERSOM’S que aparecen ante la llamada urgente de nuestra alma y su propósito en este mundo.

Es bien sabido por todos que el universo es energía, que todo es energía y que ésta, ni se elimina ni se destruye, tan solo se transforma, siendo que en este caso del que hoy me ocupo, cuando queremos eliminar de nuestras vidas algo, desde la negación y no desde la aceptación, la comprensión y el agradecimiento, lo enviamos a la sombra, a las profundidades de Ego a veces y que siempre se encuentra al abrigo del Amor que somos. Creemos eliminarlo, sin embargo solo se oculta en la sombra para ser transformado en experiencia, conflicto, síntoma o persona, para ser aceptado, perdonado e integrado en el todo.

En la infancia, me atrevo a decir que durante los 3 primeros años de vida, el ser humano se vive en la certeza del ser, con un sinfín de recursos heredados y automatizados que nos vienen dados desde el espíritu del amor, impresos en el alma y en conjunción con el programa de supervivencia activo para transitar con la máxima seguridad. Sentimos que todo cuanto precisamos se nos es concedido, regalado, dado, porque nos corresponde. El bebé, como antes he nombrado, se vive sin preocupación y en la absoluta certeza. Con el transcurso de los años, en relación con nuestro entorno y para que el equilibrio se dé a la perfección, gracias al programa de supervivencia, todo aquello que es rechazado e ignorado de nosotras mismas lo enviamos a la sombra, a ese lugar eterno de recogimiento del ser, desde el principio de los tiempos y hasta el final de ellos. Cuanto más nos duele, más profundo lo enviamos, con claves y llaves para que no salga, sin embargo, nada se elimina y mucho menos algo que viene con nosotras, las personas, antes de nacer. Es transformado para que aprendamos a amarnos como somos, para que nos aceptemos tal cual, con todas nuestras partes enteras y completas. Cuanto más profundo es el envío porque el dolor nos somete, más fuerza adquiere en la profundidad y desde ahí, saldrá al exterior con la misma potencia que se quiso eliminar.

Lo negado saldrá, se colocará delante como un recordatorio de «ÁMATE, SÉ TÚ MISMA», no me ocultes, no me niegues, no me elimines. Tu negación le causa dolor al niño interior y éste necesita expresión, comprensión, aceptación y sobretodo «AMOR» y mientras sigamos negando, seguirá exteriorizando esa negación, ese dolor e incrementando la emocionalidad de la negación, pues el SER viene a este mundo de formas para ser visto, comprendido y aceptado, igual que cualquier hecho que el propio clan haya querido ocultar enviando la experiencia, el duelo o el «no dicho» a la sombra.

LA SOMBRA, una lugar de AMOR, de profundo amor hacia lo que realmente somos, un lugar sin puertas ni ventanas que nos arropa y cuida nuestro ser, como alimento necesario para que no nos olvidemos nunca de quién somos. Un lugar de gran cabida, cueva de nuestros tesoros, de piedras preciosas y joyas propias que depositamos conjuntamente con una contraseña que con el tiempo olvidamos.

Ella, LA SOMBRA, fiel a nosotras y a nuestro amable ser, nos cobija y nos cuida esos tesoros, que crecen con su amor y cariño con el mayor de los cuidados.
Ella, LA SOMBRA, es madre que amamanta desde la cercanía de su corazón, desde el derecho que ella nos regala a ser.
Ella, LA SOMBRA, es padre que reconoce nuestro valor, descartando y resquebrajando los propios límites, nos acompaña hacia el exterior, hacia la vida para recordarnos quién somos y a qué hemos venido a este mundo de formas.

Los síntomas, los conflictos, las experiencias, las circunstancias y los escenarios de vida sólo tienen un fin, la facilidad en la felicidad, la aceptación y la compresión de todas y cada una de nuestras partes, la cooperación entre todo lo que nos conduce por la vida y la sincronicidad de nuestra sinceridad para con ello. Todo esto es magnífico si lo vivimos desde la luz, desde nuestro ser, desde la aceptación e integración del amor en un completo del SER, sin embargo, si nos ocultamos, si enviamos a la sombra nuestras piedras preciosas, nuestras joyas del SER, ella, la SOMBRA, que nos ama, que es creada para recoger, cobijar y alimentar eso que somos, por esencia y semejanza a la vida, realizará con todo esmero su labor, cuidar y proteger a nuestro SER.

La SOMBRA, se vive al reflejo de nuestra luz y la sustenta. Vive entre bambalinas ejerciendo la fuerza de la vida misma, alentando los aplausos, las miradas y los éxitos de nuestro SER y la aceptación del todo para alcanzar la quietud y la paz.

Maku Sirera Pérez

 

LAS PALABRAS DE LA INFANCIA, RESUENAN UNA SOLA ETERNIDAD

LAS PALABRAS DE LA INFANCIA, RESUENAN UNA SOLA ETERNIDAD

¿Quién te va a querer a ti? Eso escuchaba de pequeña, recibiendo esa afirmación como una triste noticia que convertía mi camino de vida en un lugar pantanoso, engulléndome de un suspiro hacia el interior de la tierra y allí, mi respiración, se cortaba y el aire se convertía en un denso sonido de inexistencia, se esfumaba la posibilidad de respirar y de vivir.

En ocasiones, cuando mi negación externa era mayor que mi afirmación interna, venía a visitarme Morfeo, disfrazado de príncipe salvador del dolor y con sus delicadas manos y con unas grandes alas tiernas, me recogía e inducía un sueño rápido y reparador de esa tristeza, desconectándome de este mundo, un lugar de negación del ser y del amor, volviéndome más invisible.

Y ahí, en brazos de Morfeo, mi príncipe rescatador de momentos fúnebres y de palabras hirientes, me recomponía para, unas horas más tarde, sentirme capaz de nuevo de volver a lo que yo creía que era la vida.

Con cada encuentro con Morfeo, fui construyendo un lugar para habitar segura, un castillo alto, muy alto, tan alto que era fácil respirar la libertad y el oxígeno que en este lugar me envolvía, paralizando cualquier palabra que se dirigía a mi en forma de fino alfiler, desvaneciéndose como pequeños “nadas”, hacia el mismo lugar desde dónde eran lanzados.

Me acostumbre a vivirme en ese castillo, tanto, tan cómoda y tan fácil que fui creyendo que era mío y con el tiempo y el atesoramiento de las emociones que allí sentía, fui adquiriendo dragones, cocodrilos y guardianes, que me alejaban cada vez más del mundo que yo creía real.

Un lugar que me alejaba del dolor de sentirme negada, de creerme que no era merecedora de que nadie me amara , ¿Quién me iba a querer a mi? Flaca, fideo, escoba, melsa, poca cosa, esmirriada, enferma e incapaz de alimentarme, sostenerme y aprobarme a mi misma, ¿Quién me iba a querer a mi siendo todo eso y más? Pues nadie y mucho menos yo misma.

Y así, en brazos de Morfeo, regresaba a ese lugar en el que era yo y creaba una persona que nadie conocía y que nadie negaba. Respiraba, ensanchaba los pulmones donde habitaban las emociones y la piel de mi alma iba tornándose de color vida. Fuera de la consciente realidad y de las palabras que se convertían en finos cuchillos que se adentraban en lo profundo de mi ser, fui destapando una a una mis heridas y oxigenando el dolor. Ese Castillo mío era un sanatorio, Morfeo mi salvador y mis guardianes enfermeros portadores de remedios notables con mágicas habilidades para detener, con el mayor de los cuidados, cada una de las dagas que venían directas a mi corazón.

Aprendí, en aquella soledad sanadora a sentirme capaz de recibir la vida, de tomarla, de aprobarme en ella y bajar poco a poco a tierra, desde las alturas de mi guarida y permanecer en ella sintiéndome valiente. Acariciar el camino con el pensamiento, acariciar amablemente la vida bajo mis pies y tener el mundo en mis manos, para juntas y al mismo tiempo o sin tiempo, envolvernos en un baile de caricias y roces delicados con firmeza.

Hoy, soy capaz de mirar mis cicatrices desde el amor, descubrirlas y agradecer su dibujo. Hoy, doy las gracias a Morfeo por salvarme en cada desconexion del mundo que yo creía real y dejarme reposar en mi adorable castillo, ese lugar lleno de magia, de quietud, de paz y de vida que aún hoy visito, recorro y tomo, tumbada en el suelo, escuchando, desde las alturas, el latido de la madre tierra, de la vida misma sin necesidad de guardianes, aunque todavía acompañada por ellos, como fieles faros de alma.

El amor no es un estado, no es una emoción y tampoco un sentimiento, el amor es un lugar para soñar, un lugar para vivir, un lugar para habitar con decisión y consciencia sin cálculo de límites, razón o cordura.

Miro mis pies como deciden caminar, a tramitos de vida, por ese lugar hermoso que me provoca olvidar mis heridas, mis duelos ocultos, colocando bálsamo delicado en cada lágrima vertida y observando cómo la tierra rejuvenece y con ella yo, volviendo a mi infancia, sanando lo rugoso del camino, allanando las piedras y construyendo con ellas un hogar seguro y firme como la roca que no precisa de alturas, ni fosos, ni lanzallamas. Todo nace en mi interior y es alimentado desde el aire libre que respiro ahora.

Soy capaz de sentir la energía, de mirar a mi alrededor y observar el destello y el brillo de esta, mi energía, que se manifiesta como chispitas de luces alegres, como confeti para el alma, como una fiesta de incalculable valor, que convierte este mundo, el que yo creo real, en un lugar mágico de residencia y permanencia, en el que quiero caminar y acariciarlo como si fuera un bebé recién nacido que necesita de mi, de mi amamantar, de mi mirar, de mi abrigar, de mi despertar y así, juntas, ser AMOR en mayúsculas, elegirnos ser consciente de instantes y conversando con Morfeo desde la tierra, con los ojos abiertos y el alma dispuesta a la vida.

Gracias a Morfeo, gracias a mis dragones, cocodrilos y guardianes, gracias a mi castillo y las alturas que me han proporcionado el oxígeno necesario para sanar la profundidad de mis heridas. Gracias a mi alma que se ha permitido experiencias que me han traído de vuelta al momento presente desde la amabilidad y el AMOR en mayúsculas.

Todo pasa por una razón mayor, porque no podía ser de otra manera, el AMOR nos guía, nos sostiene y nos sustenta.

Maku Sirera Pérez

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

LA FAMILIA TE ABRE LAS CARNES Y TE LAS CIERRA TAMBIÉN

Te haces vegana, te apuntas a un curso o a mil, te confiesas, te equilibras, cien cursos de medicina natural, una diplomatura en Psicología y un doctorado en Antropología, haces regresiones, cursos de crecimiento espiritual, te conviertes en una obsesa del reciclaje, ecologista, anti 5G, meditas todos los días, experta en piscogenealogía, Transgeneracional, entras en sofrologias intensas, haces de todo para sanar y sentirte en el Nirvana de este mundo, en la unidad celestial o en lo que sea que te da sentipensar, que estás en el camino de la espiritualidad y unidad con el Todo y llega el domingo, te reúnes con la familia y se va todo al Carajo.

Llegas con un millón de intenciones, herramientas, habilidades desarrolladas y practicadas, todas contigo, ordenadas y en fila india detrás de ti misma y con una sonrisa de “esta vez voy a ser La Paz personificada». Al principio, cuando has comenzado ese arduo camino de crecimiento espiritual y personal, acuden contigo tus sombras, de la mano de tus luces y separada de todo lo que no sea lo que decidiste aprender y transcender, con ojos de juez y al mismo tiempo, de bálsamo para tu acciones.

Ellos,«LA FAMILIA EN MAYÚSCULA», totalmente equivocados y habitando la tierra de la incorrección, son observados por «el Ego», y digo El Ego porque ni siquiera reconozco que sea mio, allá por aquellos tiempos de comienzo de crecimiento y sanación de mis heridas. Es tan profundo el apego a «tus asuntos», a generar cambios porque mi vida no funciona y quiero obtener las claves y la llave de la sabiduría, para que los demás cambien y así sentirme más feliz con lo que estoy acostumbrada a hacer, que sin darme ni cuenta y mucho menos ser consciente, habito en el ático de lujo que paga «mi Ego» desde hace años, casi me atrevería a decir que desde los principios de esa decisión de habitar este cuerpo que he elegido, para transcenderlo y amarlo con todas sus culpas y miedos.

En el principio de mi camino de sanación y salvación, (como si se me tuviera que salvar de algo o de alguien), hace algunos años de esto, y sí, desde Ego espiritual, una de las identidades de Ego más difíciles de reconocer y que nos mueve sutilmente por un sinfín de trampas, me vivo. Entre un juicio y otro, ante un abanico de intenciones y explicaciones con diálogos infinitos de que existen libros, cursos, disciplinas, dinámicas, métodos y demás cambios personales y almáticos, (como si yo supiera qué le conviene a los demás o qué necesitan), que los pueden salvar de ese lugar incorrecto en el que yo, después de todo los cursos y demás que he nombrado, sé que se encuentran ellos, sólo ellos y nada más que ellos, «Ja, ja ja». Así, sin comerlo ni beberlo, todavía no soy consciente de que los demás nada tienen que ver con lo que a mi me sucede. Ego, me incita a sentipensar que son ellos los únicos culpables de mi desdicha, ¡Ay! ¡qué bonico mi Ego! y que bonica yo y mis conversaciones con intenciones ajenas.

El otro necesita… bla, bla, bla. El otro tiene que… bla, bla,bla. El otro debe hacer… bla, bla,bla. Y así, desde este diálogo interno, me encuentro dentro de una rotonda emocional y egótica, atesorando pensamientos y acciones que refuerzan este concepto, de que la solución y la felicidad se encuentra fuera de mi y en mis alrededores. Una mágica ilusión que sólo me mantiene sumergida en esa rotonda emocional egótica, transitando en su embrujo inconsciente. Y mientras, los demás, observando ese baile circular de mi misma y mis separaciones, comparaciones y juicios, sin enterarse de qué pretendo y dónde se encuentra todo eso que siento la necesidad de transmitir y cambiar en los demás, para que mi vida esté colmada de felicidad y abundancia.

Desde este lugar, desde estas acciones y viviéndome en «tus asuntos», me pierdo la vida, me pierdo «MI VIDA», y sobre todo, la cantidad de regalos que me he pedido al pactar con todas y cada una de las personas que han pasado y siguen pasando por mi camino de vida.

Desde mi nacimiento, bailo con encuentros de seres convertidos en personas que respetan cada uno de nuestros pactos, interpretando el papel que asumieron con ese sagrado pacto común. Mis padres, los primeros elegidos en mi «engordamiento de consciencia», repletos de regalos para mi, uno a uno hacen de mi vida, un encuentro de planes correctos plasmados en un mapa del tesoro, que me devuelve al amor infinito en conjunción con mis hermanos y todos mis ancestros, estos que respetaron sus encuentros y que hicieron posible que yo y mi yo, nos encontremos en este mundo de formas, recogiendo todo cuanto acontece en el camino.

Pura magia correcta, que me invita a visualizar la corrección de cada acción, de cada encuentro, de cada mirada, fractura, acompañamiento, facilitación, puente, borrador y medicina para esta mi alma. Pactos sagrados que me devuelven al amor y a su engordar, llenarme y engrandecer mi alma con cada palpar de manos, con cada latido de alma, con cada mirada sentida con los ojos del cuerpo cerrados y los del alma, totalmente abiertos y listos.

Partiendo que la familia es todo y toda. Todo encuentro y toda persona que respeta nuestro «hemos quedado a menos cuarto para vivirnos y regalarnos» . Desde las altas esferas hay una decisión de amor para cada uno de nosotros, aunque aquí, en este mundo de formas, luego sea juzgado por nuestro Ego y sus identidades y sus comportamientos y sus relaciones y sus alimentos, son actos de amor absoluto y respeto hacia peticiones ya tomadas y correctas. Nada de lo que nos sucede es ajeno a estas decisiones, a estos pactos sagrados de amor para nuestro volver individual a la unidad, a ser una con Dios. La familia nos regala infinitos tesoros, desde esa corrección. La familia nos aporta todo cuanto le hemos pedido que dé. La familia es minucionamente dadora de esos tesoros que se encuentran impresos en nuestro plan de alma y, uno a uno, vamos recogiendo con el mayor de los cuidados.

La familia integra la parte más importante de engordamiento consciente, ella aporta individuos que representan el papel asumido y asignado para cada cometido. Persom’s fracturadoras que nos abren las carnes para dejar paso a la esencia, al amor, a la profundidad de los que somos, rasgando la materia y dejando paso a la luz, al amor, a la corrección de esa decisión que pactamos en conjunto, desde la comprensión y el perdón de esa fractura pedida y aceptada por ambos. ¡Te voy a odiar!, ¿Lo sabes? dice mi alma en esa reunión de pactos sagrados, desde el amor infinito. ¡Lo sé! me dice el alma del otro, desde la unidad, siendo en ese instante una con Dios. ¿Y aún así quieres nuestro encuentro? ¿Estás lista, dispuesta a vernos «a menos cuarto»? le repite mi alma para sellar nuestro pacto sagrado. ¡Exacto, yo también sanaré con ese, nuestro encuentro. Gracias! Y el amor nos envuelve y nos sella y nos entrega al plan del alma para encontrarnos, para engordarnos, para sanarnos, para devolvernos al amor y la unidad, para volver a sentir que somos una con Dios y acercar todos nuestros cuerpos, todos nuestros mundos, todas nuestras vidas al amor.

La familia y sus Persom`s facilitadoras, que nos abrigan el frío de la soledad, de la tristeza, del rechazo y la separación. Ellas, como dulces cantos mágicos, envuelven nuestro cuerpo con bálsamo de vida, para facilitar nuestro camino y convertirlo en un lugar transitable para seguir con nuestro plan de vida, con nuestros pactos de corrección sobre algo que ya es correcto en sí mismo. La familia y sus Persom´s borrador, que salen al encuentro de nuestras lagrimas y las secan con las risas, con el baile, con la música, con cualquier acto de ternura que haga posible borrar las cicatrices creadas por los sucesos que nos quiebran, o nos mantienen en esa rotonda emocional egótica, dramática o de separación. Borran con su presencia el dolor. Borran con su mirada la soledad. Borran con sus caricias la fría noche del alma.

La familia y sus Persom´s puente, acompañantes y medicina, nos cierran las carnes del alma y colocan oro en sus huecos prestados, colocan calidez, validez y amor convirtiendo la piel de nuestra alma en un lugar para vivir, para soñar, para volver al amor que somos y sentir de nuevo, que somos una con Dios.

La familia, nos abren las carnes, sacan el valor que somos, desde la correción de una decisión pactada sagradamente y nos las cierran de nuevo con el valor de lo vivido, con la elasticidad de lo aprendido, con el oro del regalo que son, añadido a nuestra vida, engordando nuestra consciencia y sellando el amor en cada paso.

Y transcurre el tiempo con todo lo aprendido, con todo lo vivido y soy consciente que ellos, están desde el respeto de lo pactado, que nada tienen que cambiar, que nada tiene que asumir, que son, para que yo sea. Tomo consciencia que cada uno de los actos que he realizado, eran parte de un plan trazado desde el perdón y que ellos solamente son la presencia de mi corrección, acompañándome en el aprendizaje y la toma de consciencia, facilitando en cada encuentro, recoger todos los tesoros que fui depositando para ser descubiertos, para impregnarme de ellos y recordarme completa con ellos.

Nada era para ellos, todo era para mi con ellos. En un baile de encuentros, con la música del respeto sonando, se ha ido orquestando la composición más bella y perfecta que podía vivir, «AHORA» y asi la tomo, tal cual es, porque no podía ser de otra forma.

Volver al amor desde un pacto sagrado de AMOR.

Gracias, gracias y gracias.

Maku Sirera Pérez

ME QUEDÉ VIUDA DE SENTIMIENTO Y HUÉRFANA DE EMOCIONES

ME QUEDÉ VIUDA DE SENTIMIENTO Y HUÉRFANA DE EMOCIONES

Y de repente, sin saber cuándo pasó, mis emociones en la relación de pareja se escondieron, como una niña asustada y huérfana, se ocultaron en lo profundo de mi corazón, llevando consigo la tendencia a esconderse cada vez más profundo, buscando refugio, ese lugar que guarda el amor de mamá custodiado por el amor de papá.

Fui consciente hace poco, que la mirada hacia el hombre había cambiado en mi, como si en algún momento de mi vida, algo o alguien se hubiera llevado el amor romántico creyendo que me hacia un favor, creyendo que así ya no dolería y sin embargo tan solo era un gesto de supervivencia, como una pequeña gran anestesia para permitir ocultar mis sentimientos, si cabe aún, más profundos todavía.

Camino por la vida ajetreada, poniendo foco en lo que acontece delante, sin querer mirar ese lugar mío de soledades profundas, sin dejarme sentir el dolor de mis heridas, creyendo desde mis creencias fabricadas en esa decisión que tomé en algún momento, sin ser consciente que en cada una de ellas, existe un cachito de mi corazón doliendo, una emoción sangrando, un sentimiento supurando para llamar mi atención y yo, tan solo las tapo, las escondo, las pinto, las adorno, la cubro con sedas, colores, sonrisas y diálogos de inexistencia para, de esta forma, no detenerme a mirar como lloran solas y atenderlas y limpiarlas, y sanarlas desde el amor, lo único que me salva.

Creía que el amor era universal, sin nombres ni género, sin mentes, con el corazón envuelto en alma y listo para salir al mundo, y cuando me hallo en esta observación, cuando creo estar convencida de que puedo seguir caminando con mis heridas guardas y fingidas, creyendo haber sanado desde lo oculto, sin mirar de frente a mis miedos, a mis sangrantes duelos, a mi misma y mis aventuras, cuando creo sentirme huérfana y viuda de emociones y sentimientos y elijo seguir caminando por este mundo de formas, intentando dar forma a mis encuentros, la mirada del amor se me muestra y me detiene y me habla y me acaricia y me susurra y me roza y me baila y me calma con su ungüento de paz y desde la quietud más absoluta, descubro de nuevo todas y cada una de mis heridas con otra mirada, sanando de un plumazo alguna de ellas y dejando que el oxígeno deje respirar a las otras.

Y como un baile de encuentros, con amabilidad, con ternura, sin prisas y desde la observación del perdón, soy consciente de que el dolor calmó, que ocultar no sana, sólo provoca más dolor, olvidando ya desde dónde y en qué lugar me hirió, contagiando todo a su paso, ensombreciendo el cuerpo, la mente y el alma.

Levanto mi mirada hacia la presencia del amor, en este instante permanezco y soy consciente de que el perdón ha venido a visitarme para regalarme La Paz, “ha estado bien hasta el momento, aunque ya es suficiente para ti de esto. Ahora toca dejarte en La Paz y perdonarte entera, dejar que yo bañe tus heridas y las adorne de calma y brisas de felicidad” eso me dice su mirada, sus caricias, su ternura.

Y en un instante de tiempo, soy consciente que nunca fui huérfana, ni viuda, sólo fueron elecciones para sanar mi dolor desde un lugar egótico, desde la separación y el juicio hacia mi misma y hacia las circunstancias que rodeaban ese lugar de sombras. Una elección de vida que me privaba de ella. Una decisión perfecta que me dejó permanecer en la soledad para poder encontrarme de nuevo, para recordar que no estoy sola, que nunca lo he estado y nunca lo estaré, pues el amor siempre camina conmigo, a mi lado, recordándome que soy una con Dios, desde el respeto a mis elecciones, entre las luces y las sombras, sin soltarme ni un solo instante.

El amor se sirve de personas, “PERSOM’S MEDICINA”, para ayudarnos a comprender, para facilitarnos el perdón a una misma, para sanar las heridas y volver al amor que somos. Personas que con sus palabras, gestos, miradas y presencia van colocando tiritas impregnadas en AMOR y dejando que las heridas curen la profundidad del tiempo y el momento sanando toda tu historia y devolviéndote a la vida.

Gracias infinitas al amor.

Gracias infinitas a la calma.

Gracias infinitas a mi alma y su permitir volver a su esencia.

Gracias a las PERSOM’S MEDICINA, por respetar nuestro pacto y encontrarnos en este mundo de formas en el momento correcto y perfecto.

Gracias al amor y su infinita presencia.

Maku Sirera Pérez

LA PAREJA Y NUESTROS PADRES

LA PAREJA Y NUESTROS PADRES

«Con cada trato de amor hacia mi pareja, le muestro a mi hija lo que ha de esperar de su futura pareja y elevo el estándar de lo que mi hijo debe ser como hombre al tratar a la persona con la que decida caminar en pareja»

Anónimo

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