Un DOLOR que no HABLA, gime en el CORAZÓN hasta que lo ROMPE…

Y en la sombra de lo que soy existe todo el potencial que me niego a mi misma.

Maku Sirera Pérez

Acabo de escuchar, sentada en el banco de un parque, a dos niños parlotear, entre risas y más risas y juego de palabras, pedirle el uno al otro algo que, desde la distancia, diría que a ninguno le disgusta dicha petición.

Invento que un niño se llama Máximo, quizá por el semblante que creo ver de valiente, y el otro se llama Felipe, quizá se me antoja observarlo desde la apariencia de mantener más que otra cosa, la compostura.

FELIPE.- ¿Darte un beso?, eso no puedo hacerlo.

MÁXIMO. – ¿Por qué?

FELIPE.- No sé muy bien porque, creo que a mis padres no les gustaría.

MÁXIMO. – ¿Y a ti?

FELIPE.- ¿A mi? mmm creo que si.

MÁXIMO. – Entonces, si a ti te apetece, ¿por qué no lo haces?

FELIPE.- Por mis padres, supongo.

MÁXIMO. – ¿Y tú no cuentas?

FELIPE.- Supongo que si… o no, no se muy bien. Sí quiero, sin embargo siento algo que no me deja.

MÁXIMO. – ¿ Y eso te hace sentir bien?

FELIPE.- No, aunque pensar en hacerlo tampoco.

MÁXIMO. – Está bien, no lo comparto aunque lo respeto. Tengo que irme ahora. Ya hablaremos.

Y durante diez minutos Felipe se queda solo, sentado en el banco frente a mi, cabizbajo y entristecido. Pasado ese tiempo le suena el teléfono y lo saca de sus pensamientos, secando las lágrimas que asoman por sus ojos, contesta con un .- ¡Hola mami, estaba con una amiga y no he odio la llamada, dime!.

Lo siguiente lo desconozco, pues se marchó manteniendo la conversación telefónica.

Me doy cuenta que sin ser consciente y mientras leía sobre lo que muestran los síntomas de lo que callamos me había sincronizado con la conversación a través del libro, o con el libro a través de la conversación. Me refiero a la sincronicidad del campo, del momento, leyendo un libro sobre las emociones no permitidas y las causas y consecuencias de éstas, y delante de mi, interpreto una escena con dos adolescentes, (más bien los miro cómo niños), que hablan de sentimientos y sin embargo los dejan a medias, o quizá en ese momento deciden guardarlos.

Voy a referirme a ese guardar algo que siento o pienso, guardarlo porque elegimos que no es correcto para uno mismo, a nivel consciente y/o inconsciente, por “instinto” de supervivencia, por lealtades familiares o sociales, por dolor o por miedo a sentirlo o a enfrentarnos a las circunstancias y sentirnos rechazados, abandonados o expulsados de nuestro círculo al que es “IMPERIOSAMENTE IMPRESCINDIBLE PERTENECER”.

Ocultarlo en la sombra, en el lugar infinito de sensaciones, momentos, experiencias, emociones y sentimientos que surgen y por algún motivo que desconocemos o sí conocemos decidimos, para nuestra propia evidencia, enterrar todo eso al cobijo del amor que nos tenemos.

LA SOMBRA: una lugar de AMOR, de profundo amor hacia lo que realmente somos, un lugar sin puertas ni ventanas que nos arropa y cuida nuestro ser como alimento necesario para que no nos olvidemos nunca de quién somos.

Un lugar de gran cabida de lo que somos, cueva de nuestros antiguos tesoros, de piedras preciosas y joyas propias que depositamos conjuntamente con una contraseña que con el tiempo olvidamos. Ella, fiel a nosotros y a nuestro amable ser, nos cobija y nos cuida esos tesoros, que crecen con su amor y cariño con el mayor de los cuidados.

Ella, la sombra, nuestra sombra, es madre que amamanta desde la cercanía de su corazón, desde el derecho que ella nos regala de ser.

Ella, la sombra, nuestra sombra, es padre que reconoce nuestro valor, descartando y resquebrajando los propios limites, nos acompaña hacia el exterior, hacia la vida para recordarnos quienes somos y a que hemos venido a la vida.

Los síntomas, los conflictos, las experiencias, las circunstancias y los escenarios de vida sólo tienen un fin, la facilidad de la vida, la cooperación entre ella y la sincronicidad de nuestra sinceridad para con ello. Todo esto es magnífico si lo vivimos desde la luz, desde nuestro ser, mostrando quienes somos, como somos y lo que somos, sin embargo, si nos ocultamos, si enviamos a la sombra nuestras piedras preciosas, nuestras joyas, ella, la SOMBRA, que nos ama, que es creada para recoger, cobijar y alimentar eso que somos, por esencia y semejanza a la vida, realizará con todo esmero su labor.

Nuestros tesoros crecerán en la misma proporción y con la misma fuerza que elegimos guardarlos y desde esa misma fuerza, como nos dijo la Ley de Arquímedes y desde el AMOR y con AMOR lo irá resurgiendo, mostrando para recordarnos que el deseo del poder del AMOR del Universo es que “SOMOS LO MÁS IMPORTANTE EN NUESTRA VIDA” y nuestro potencial y valor no puede contenerse.

Ella, la sombra, completa en ser madre de cobijo y sustento de nuestro ser, ella, completa en ser padre que reconoce nuestra valía y nuestra pertenencia a la cooperación de la vida sin juicio exterior, romperá lo externo, lo que nosotros elegimos para venir a vivir las experiencias de vida, lo romperá el amor que no puede contener lo que somos en realidad, el AMOR quebrará con pequeñas amabilidades cómo síntomas.

GRITOS DE URGENCIA DEL SER, que comenzarán casi como un cántico suave y enternecedor y acabará siendo “OPERA PRIMA” conectando los oídos del alma volviendo al amor.

El amor hacia quienes somos, con la misma fuerza que nuestro inconsciente de pertenecía y supervivencia guardó, creará una explosión de verdad, de sinceridad, de capacidad, de plenitud.

Cada síntoma quiebra nuestra máscara de vida para que salga lo oculto de nuestro ser y con necesidad nos recojamos en el AMOR hacia lo que somos mostrando nuestra LUZ que se sustentó en la sombra.

¡BENDITA SOMBRA!

Cada circunstancia, cada experiencia, cada escenario de vida es una maravillosa oportunidad de renuncia al dolor, al sacrificio innecesario, a la inutilidad del sufrimiento.

Cada síntoma, cada estado de carencia de salud, cada circunstancia, cada experiencia, cada escenario de vida es una maravillosa oportunidad que el AMOR y nuestra preciosa SOMBRA en común unión, como un fiel matrimonio comprometido con sus creaciones, ofrece desde el respeto de SER.

SER, en mayúsculas, sin juicios, sin lealtades a situaciones o creencias que nos esconden y nos empequeñecen.

SER con toda su plenitud y toda su amplitud.

SER con todo el potencial que somos.

SER con urgencia, con importancia, por necesidad de vida.

Escribo palabras de AMOR en mis heridas para que rescaten, a través del camino de la sangre, quién SOY.

Me regalo palabras al dolor y las coloco en el exterior para mostrarle a mi sombra el camino de vuelta a casa, al AMOR.

¡La vida, con todos sus sueños rotos, VALE LA VIDA VIVIRLA!

¡¡Bendita explosión interna que deja libre mi luz! !

Maku Sirera Pérez

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