INTEGRANDO A LOS PADRES…

“Con cada trato de amor hacia mi pareja, le muestro a mi hija lo que ha de esperar de su futura pareja y elevo el estándar de lo que mi hijo debe ser como hombre al tratar a la persona con la que decida caminar en pareja”

Anónimo

HABLEMOS DE LOS PADRES

Antes de hablar de la pareja, tenemos que hablar de nuestro punto de referencia de la pareja, nuestros padres, y las creencias que hemos heredado de ellos y de nuestro clan, añadiendo a estas creencias en lugar donde vivimos y nos relacionamos.

¿Cómo ha sido la relación de papá y mamá?

¿Qué fidelización sentimos con cada uno de ellos?

¿Qué es el amor para ti?

¿Y estar enamorado?

¿Qué piensas del matrimonio?

¿Y de la pareja?

¿Qué piensas de los hombres?

¿Y de las mujeres?

Cuál es el rol que ejercía papá en la familia? ¿Y mamá?

Todas estas preguntas son importantes para determinar que concepto tienes de la pareja, que significado le das, que creencias tienes hacia los roles, los sentimientos, los conceptos.

Cuando somos niños nuestro primer punto de referencia son los padres y todo lo que ellos nos enseñan y nos muestran, también es importante todo aquello que observamos y que comparamos con nuestro entorno social y vital.

Además de nuestros padres entran a formar parte nuestros abuelos y sus formas de relacionarse entre ellos y con el mundo social de su época y todo aquello que se ha  transmitido de generación en generación.

Si el hijo en vez de tomar, recoger el mundo de papá y a los hombres de su clan, se fideliza o se posiciona con mamá, esta decisión o comportamiento, le puede llevar a sentirse un hijo especial o más especial que el padre. Estas acciones crean un desequilibrio en la propia familia en la que construiremos una vida familiar con un desorden  y con muchas probabilidades de conflictos, tanto a nivel familiar como social. Ese niño, cuando se convierta en adulto, tendrá dificultades para alcanzar la madurez, la independencia emocional y probablemente proyectará el desorden familiar hacia la pareja que elija y hacia casi todas sus relaciones, ya sean personales, familiares, sociales o profesionales.

Si los padres consienten esta fidelización, están facilitando que el futuro de ese hijo  esté lleno de escenarios y experiencias que le lleven a alcanzar la madurez y por tanto la independencia emocional a base de conflictos y toma de conciencia con lo que llamaríamos errores, aunque ya sabemos que los llamados errores, no son otra cosa que aprendizajes que hemos pedido a nivel inconsciente para obtener lo que toda persona viene a recoger en esta experiencia humana, transcender situaciones, momentos y sobretodo conflictos, para transitar por el camino de la felicidad.

Cuando un niño se posiciona al lado de mamá o se fideliza con ella, pasa a sentirse más grande que su padre y con más derechos sobre ella. Esto conlleva un desequilibrio dentro de la propia familia y generará un desorden en los significados del amor u también de la pareja en la madurez del niño. Proyectamos lo que pensamos y eso parte de nuestras creencias que tiene mucho que ver con los programas heredados y con los que vamos aprendiendo a lo largo de nuestra vida por resonancia, por comparación, por oposición, por fidelización o por aprendizaje.

Un hijo nunca es más grande que su padre o que su madre.

Si un hijo se considera más grande que sus padres, por ejemplo en este caso un hombre, buscará una mujer que, aunque conscientemente se parezca a su madre, inconscientemente la elegirá de acuerdo con ese desorden y seguramente no alcanzará el nivel en el que él tiene posicionada a la madre, y así repetirá encuentros, historias y mujeres hasta que sea consciente de que tiene que abrigar a su padre y soltar a su madre.

Con este comportamiento exigiremos también a la pareja lo que no hemos recibido del progenitor correspondiente y así se convertirá en una paradoja la pareja, creando desconfianza y volviendo a empezar de nuevo con este círculo, que además nos lleva a afianzar las creencias primeras que nos han llevado a este comportamiento, reforzándolo y atesorándolo.

Al considerarse inconscientemente “hijo de mamá o de papá” y actuar de esta manera,  resultará muy difícil recoger el amor y mucho menos el amor de pareja.

Esto no va de echarse la culpa ni de castigarse por identificarse con este comportamiento, es un simple comportamiento, como ya he mencionado tiene mucho que ver con los programas que heredamos, aprendemos o asumimos como nuestros. Con tan sólo tomar consciencia de ello, podemos cambiar el curso de los acontecimientos.

“Ahora me pongo a tu lado, y al lado de todos los hombres de la familia, en su atmósfera. Ahora me hago hombre como tú y como todos los demás, sea lo que sea lo que hayan vivido, y sea como sea que hayan sido”(Joan Garriga).

Una mujer, se hace mujer integrando a todas las mujeres de su clan.

Un hombre, se hace hombre integrando a todos los hombres de su clan.

Y con esto me refiero a integrar desde el amor y el agradecimiento a los dos progenitores en la medida de cada uno. Somos el 100% del 100% de nuestros padres y necesitamos el 100% para ser completos.

Padre, rol masculino, rol paterno: protege, reconoce, pone límites y lidera. Te quiere por lo que eres.

Madre, rol femenino, rol materno: contiene, recoge, reparte, permite (la vida). Te quiere porque existes.

Si excluimos a un progenitor, nos estamos negando todo lo que tenemos y somos de ese progenitor. En realidad cuando excluimos de nuestra vida a una de las personas que nos ha regalado la vida, estamos excluyendo de nuestras  vidas todos sus recursos y sus herramientas que necesitamos para desarrollarnos en la vida y transitar por el camino de la armonía y la felicidad.

LA PAREJA

Tres órdenes del amor en la pareja.

  1. Jerarquía.
    1. Igualdad.
    2. Mismos derechos y condición.
    3. Mismas obligaciones y devociones.
    4. Equidad.
  2. El equilibrio
    1. Dar y recibir. Cuando un miembro de la pareja entrega, regala u ofrece algo al otro miembro y este devuelve, se crea un orden de amor, un equilibrio y creando armonía dentro de la pareja. Si el que devuelve, lo hace con mayor medida, genera la maravillosa oportunidad de crear un espacio de proyección de abundancia, ejerciendo la decisión de devolver de nuevo, generando así constantes oportunidades de dar y recibir. Se da el intercambio en la relación y un fluir de energías compatibles. La pareja entraría en un bucle amoroso en el que en ocasiones recibes y en otras das.
    2. “Pelusas y espinas” sería una terminología para diferenciar cuando damos o recibimos algo agradable o amoroso y cuando no. Esta metáfora nos ayuda a identificar en cada acto o palabra lo que fluye en el ambiente de la pareja y así poder equilibrarlo conscientemente. En el momento que ofrecemos o recogemos espinas, debemos reparar esa entrega, como “la teoría de los cristales rotos”, todo lo que se daña se debe reparar de inmediato y en la medida de lo posible en el mismo lugar. Reparar en el mismo lugar y momento nada tiene ver con reproches y acciones de avergonzar a la persona que entregó las espinas, se trata de no recoger esas espinas y desde elegir palabras respetuosas y amorosas ser consciente de que ese acto le pertenece a quien eligió entregar esa petición de amor (espinas). Aquí podríamos añadir que sería una buena decisión no ir a dormir sin haber elegido reparar el daño.
    3. Dar en la misma medida que el otro puede recoger. Si damos más de lo que el otro miembro de la pareja está preparado para recibir, obligaremos al otro a que se marche o que se enfade, provocando un continuo ofrecimiento de espinas y no de pelusas, descompensando el equilibrio y a su vez la armonía y la paz.
  3. El respeto
    1. Este orden es fundamental y va unido a lo anteriormente mencionado con respecto a los padres. La mujer tiene que honrar y reconocer al padre y a todos los hombres del clan y recoger e integrar el linaje de las mujeres de su clan honrando a la madre. El hombre tiene que honrar y reconocer al padre y a todos los hombres del clan y recoger e integrar a la madre y a todas las mujeres de su clan.
    2. Respetar y honrar a los padres, entendiendo hacia nosotros y comprendiendo hacia ellos que, aunque las cosas no las hicieran de la manera que nosotros deseábamos o necesitábamos, ellos lo hicieron de la única forma que sabían en ese momento, en ese lugar y en esa época.

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CAMBIOS EN LOS CONCEPTOS Y SIGNIFICADOS

(Sin ti no podría vivir) – Sin ti también me iría bien

Somos dos adultos que nos sostenemos y nos sustentamos sobre nuestros propios cuerpos, no dos niños buscando el reconocimiento y el cobijo de nuestros padres. Sin ti también me iría bien, pero me alegra el corazón que sea contigo y que estemos juntos.

(Te veo como te quiero) – Te quiero con tus sombras y con tus luces

La pareja es un lugar maravilloso de aprendizaje hacia uno mismo. Las parejas son grandes maestros que nos muestran nuestra sombra, todo aquello que no nos permitimos y con lo que seríamos nosotros mismos. Es un gran regalo poder amar las sombras de nuestra pareja en la medida que nos permitimos amar las nuestras. La pareja es el lugar donde tenemos la oportunidad de crecer como seres y donde el Ego resulta más aparente y más potente. Una maravillosa oportunidad de integrar y transcender a nuestro amigo el Ego.

(Hazme feliz) – Soy feliz y elijo hacerte feliz

La pareja es un lugar de entrega de lo que ya tenemos o somos, nadie nos hace o nos da nada que nosotros no permitamos recibir o recoger añadiendo que proyectamos lo que somos, e decir tenemos la posibilidad de recoger lo que ya somos. Sentir que todo lo que somos o tenemos lo podemos compartir tal cual lo generamos desde nuestro corazón y desde nuestro ser es una experiencia dichosa y nos dará la oportunidad de multiplicar un estado de felicidad común.

(Te lo doy todo) – Dame en la misma medida que te doy

Dar con respeto y en la misma medida  que el otro puede recoger. La expresión “te lo doy todo” tiene dos sentidos que están unidos a la carencia.

  1. Si damos todo, perdemos lo que somos y obligamos al otro miembro de la pareja a rechazar por no poder compensar en la misma medida y no reconocer ese todo, y como hemos indicado antes, se marchará o se enfadará. Nadie debe compensar las carencias de nadie, eso es una responsabilidad que sólo nos toca a cada uno de nosotros de forma individual.
  2. El segundo sentido es que cuando decimos esto, no damos sin esperar, sino todo lo contrario, en algún momento o bajo alguna circunstancia, reclamaremos ese todo provocando desarmonía e incluso graves conflictos pudiendo llegar a la ruptura.

(Quiero una pareja) – Sé la persona que quieres como pareja

El universo es un gran campo de vibración, de movimiento, las moléculas se atraen o se repelen dependiendo de la resonancia, la frecuencia y el nivel de vibración. Si queremos atraer una determinada persona, nada más fácil que ser esa persona que deseamos tener a nuestro lado y con la que deseamos compartir nuestra vida. Trabajar en ti siendo lo que deseas, como decía Gandhi “sé el cambio que quieres para el mundo” es el mejor regalo que puedes hacer a la pareja, que te puedes hacer a ti y al mismo tiempo a ese ser con el que deseas caminar. Sé y lo demás vendrá a ti.

(Quiero tener razón) – Cooperamos

No existen realidades únicas, cada uno tiene su propia realidad  y es igual de válida. Cooperar para crecer sin abusar del poder de cada uno, es elegir crear un ambiente de paz y de diálogo. Llevamos demasiado tiempo hombres y mujeres en lucha y diferencias, creyendo que cada uno es mejor que el otro. Este comportamiento muestra nuestras propias carencias y oscurece la facilidad de caminar juntos desde el respeto y el reconocimiento de ambos. ¿Cómo podemos reclamar respeto y reconocimiento hacia uno mismo si enjuiciamos lo que es el otro y sin embargo queremos una vida con él? Ni arriba ni abajo, ni delante ni detrás. Conversar sin colonizar, opinar sin destruir, resolver sin reprochar.

Eres todo para mi) – Somos completos y enteros y nos compartimos

Existen procesos en la vida como la muerte, las pérdidas económicas, los hijos en los que la pareja tiene la oportunidad de echar mano de sus propios recursos para transcender esas circunstancias y salir fortalecidos. Si uno de los miembros deposita todo su ser en esa frase de “eres todo para mí”, casi con  seguridad y llegado esos momentos, se creará un desequilibrio que causará dolor y la caída de las propias expectativas y la confianza. Aportando lo que es cada uno, sumando, se superarán los momentos.

(Primero mis padres, hijos y luego tú) – Primero nosotros, luego los hijos y los padres y familia

Los hijos existen gracias a la unión de dos personas que han elegido compartir una vida. La pareja estaba antes de que los hijos llegaran y es la pareja el principio de los hijos. La unión en comunión para que los hijos crezcan en armonía y equilibrio. Cuando dos personas elijen formar una nueva familia, los padres deben dejar espacio para esa nueva formación, soltar y ayudar a que ese nuevo espacio se dé de forma amorosa y creativa y los miembros de la pareja contribuir a un espacio íntimo, a un gran círculo de amor que nada tiene que ver con una comuna de varias familias. Tener una relación de pareja armoniosa y amorosa es la mejor forma de honrar a nuestros padres y mostrarles la fórmula del respeto a nuestros hijos.

Si formamos una pareja que ya tiene hijos de otras relaciones, hay que integrarlos respetando el espacio íntimo y solitario de la nueva pareja desde los mismos principios.

(Que sea para siempre) – Dure lo que dure será perfecto

Para siempre es una carga emocional que puede caer como una losa sobre la pareja. Tanto si dura toda una vida como si dura un tiempo, es el tiempo justo que tenía que durar y debemos soltar desde el agradecimiento de lo vivido. Si enfocamos la pareja como un lugar de compartir, de crecer, sin cargar nuestras expectativas y un para siempre en el ambiente, si se da el caso de un final, éste lo viviremos desde haber disfrutado el momento y cada escenario vivido, tendremos la capacidad de soltar y agradecer ese camino transitado compartido y seguramente nos seguiremos sintiendo completos y enteros, sumando la experiencia de haber compartido amor.

(Te conozco demasiado) – Te reconozco cada día y cada día es nuevo para conocerte.

La seguridad de decir que te conozco demasiado nos lleva a plantearnos si realmente esto es positivo y sobretodo real.  Cada día que vivimos experimentamos momentos que nos crean cambios en nuestra forma de percibir desde nuestros propios programas y creencias. Todos cambiamos a los largo de la vida, lo único permanente que existe es el cambio. Esta afirmación no es más que un estado egótico que nos impide comprender al otro miembro de la pareja, a reconocer sus cambios, a abrigarlos y a capacitarlo para que esos cambios sean sumas para la propia pareja. Si uno está centrado en su verdad, le resultará muy difícil comprender otras verdades.

Cuestionarse lo que pensamos, escuchar lo que nos dicen y tenerlo en cuenta o mantenerlo durante un pequeño tiempo en el cajón de “en un ratito te veo”, y crear un espacio de “SOLUCIONES”, un lugar donde solamente se siente la pareja (primero) y la familia para solucionar, para crear un espacio de comunicación y de diálogo es una de las mejores referencias que ayudan al bien comunicar y bienestar de la pareja y a su vez de la familia.

DINÁMICA

Escoger un espacio en la casa o fuera de ella, un lugar que siempre sea el mismo y que éste sea escogido por ambos integrantes de la pareja. Un lugar para el encuentro de soluciones, de diálogo y sinceridad. Un lugar para hablar, conversar y armonizar los espacios y las emociones. Este espacio debe destinarse sólo para este menester.

Establecer reglas para el diálogo y la escucha asertiva en el momento de la creación, escribirlas y estar abiertos a cambiarlas, es uno de los principios para que este lugar de soluciones sea productivo y genere abundancia en la pareja.

Utilizar un objeto para crear turnos de comunicación y de respuesta, puede ser muy útil cuando las conversaciones se desvíen de la solución sin que por ello debamos recurrir al reproche o la censura.

¿Maestro, qué puedo hacer para que vuelva a quererme? Quererte a ti mismo hasta que no quieras estar con alguien que no te quiere.

 

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 LA PAREJA UN EQUIPO DE AMOR

La pareja, un equipo de amor compuesto por la semejanza de un defensa y un delantero, cada uno se encontrará  en un lugar distinto del campo de juego, cada uno se ocupará de que el desarrollo de sus movimientos, acciones y desempeño sean los correctos para cada momento, sin estar pendiente de si su compañero está o no en el compromiso adquirido mucho antes de salir al campo y expectante de la ayuda necesaria desde la certeza y la confianza. Desarrollando su capacidad de juego, coordinando, sin olvidar que el juego en gran medida dependerá  de que cada uno se ocupe de su propio esfuerzo y así el equipo en su conjunto gane, prospere, avance, se fortalezca y se coloque entre los mejores equipos de amor.

La pareja, dos trapecista que deciden, primero trabajar en el suelo intercambiando aprendizajes, conocimientos y confianzas entre cada movimiento y luego tomar la elección  de subir a la vida para bailar el riesgo de amar,  de amarse, exponiendo su alma en cada empuje, en cada salto,  a ciegas, pues ambos confían en la propia capacidad y en la capacidad del otro. Ambos confían en que el otro no le soltará, no dejará que se salga de la vida ya que  el pilar de ese equipo de amor es la certeza y la confianza.

¿Qué sucedería si uno de los dos duda en el aire, se paraliza por instante, sin pensar en el otro, sin ocuparse de que está en juego el alma de ambos?

¿Qué sucedería si en el momento de la certeza del salto hacia el amor del otro, éste decide enfocar su mirada en el vacío del abismo del miedo o del temor?

Vital es pues asegurar primero nuestras capacidades para ese encuentro. Entrenar nuestra propia alma, nuestra autoestima, trabajar en lo que queremos ser en ese baile con la absoluta seguridad de que no nos fallaremos. Entrenar nuestra fuerza en el agarre del momento y ser conscientes de que nuestro baile, nuestro juego es impecable en cada instante y así ofrecerlo asegurando que nuestro compañero de vuelo sabe el valor de la excelencia en el campo de juego.

Maku Sirera Pérez

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