Décimo Noveno día de 21 “SIN JUZGAR A LOS DEMÁS”

“El sentirse a gusto con uno mismo es la condición necesaria para relacionarse con otros” ERICH FROMM

Renunciar al control sobre los demás y para los demás es el principio vital para reconocer “El Ego”, esa parte de nosotros y del mundo que nos lleva a ocultarnos y ocultar nuestra verdadera esencia bajo una máscara social.

“El Ego” tiene una parte que nos ayudan a relacionarnos en la sociedad, con lo dinámico, con los demás, esa parte que también es biológica y por tanto importante en nuestro día a día, en nuestros quehaceres, en nuestros encuentros, sobre todo en la parte de la madurez, para poder y querer alcanzarla, es necesario identificar “El Ego” como parte de nosotros y de nuestra esencia primaria y primera que nos mantiene unidos a la vida.

“El Ego” nos necesita para que existamos diferenciados del resto de los mortales y de los animales, para poder encontrar en nosotros todas las cualidades y las habilidades tanto emocionales como sociales y espirituales que nacen de sentirnos unidos a nuestros padres y a ese apego por nacimiento, negándonos y negando todo cuanto nos rodea y  emitiendo juicios constantes de separación. Las sombras sustentan las luces, nuestras sombras sustentan nuestras luces en igual proporción y tamaño, aunque en distinto lugar, forma y medida.

“El Ego” tiene vida propia y decisión en nuestro inconsciente y  toma decisiones que nosotros ignoramos en la mayoría de las ocasiones ya que no estamos atentos a sus formas, no estamos trabajando en él ni en su conducta. Él está siempre en la inmensa mayoría de los actos que llevamos a cabo o que omitimos, preservando la vida física y nuestra integridad como él concibe desde su intención..

“El ego”, revolucionario, identificativo y separador del todo con sus constantes peticiones de amor a si mismo y al mundo.

Él que nace al mismo tiempo que nosotros y con nosotros y nos ayuda a realizar peticiones de sustento y supervivencia para que podamos crecer en este mundo y vivir con el menor número de situaciones peligrosas y sin embargo todo él puede llegar a ser un peligro.

Él que nos induce y conduce al abismo en ocasiones para preservarnos de nuestros errores y nuestros cálculos, se pierde en la desmesurada sobre-protección y termina no teniendo amigos y por ende evitándolos.

“El Ego” tan metido en su papel indentificativo para nuestro propio beneficio mortal, acaba siendo mortal con nosotros mismos creando una proyección de “asesino emocional” y destructor de vida. El motivo del principio termina siendo la causa de muchos finales.

En los primeros años de vida y a través de los constantes “juicios” emitidos por nuestros familiares y por el entorno en el que crecemos, “El Ego” se vuelve vulnerable a nuestra esencia y malinterpreta toda situación en un ataque hacia nuestra propia integridad corporal y espiritual y comienza a desarrollar las creencias falsas de lo que somos, crea una máscara social para poder adaptarnos a nuestro entorno y sentirnos aceptados por nuestro clan y por todo lo que nos rodea.

En cada cultura y en cada lugar tendrá una susceptibilidad adecuada para la adaptación y es entonces cuando el propio “Ego” como compañero fiel de la vida crea nuestra “Bendita sombra”, ese lugar donde irá guardando todo lo que somos, todas las herramientas que causan situaciones y experiencias por las que estamos en este mundo. Guardará nuestro yo esencial, nuestras lágrimas del pasado y de lo que nos hubiera gustado ser. Es ese lugar oscuro donde se encuentra nuestro valor de vida y de muerte.

Con nuestra máscara, con esa parte de nuestro “Ego” será con la que nos mostraremos al mundo y con la que adaptaremos nuestros juicios a los juicios de los demás. Si nuestro entorno está lleno de críticas, de quejas, de palabras provocadoras, de condenas ajenas  y demás situaciones que alimentan los juicios constantes hacia los demás, “El Ego” y su máscara social nos hará adaptarnos a ese entorno de igual forma y manera y creeremos que eso es lo correcto para poder “sobrevivir”, moldeando nuestro yo esencial y nuestra parte interna, dejando en la sombra todo lo que no haríamos si fuéramos conscientes de esto.

Quizá por este motivo nos resulta difícil apartarnos de los juicios y de las condenas hacia los demás, necesitamos condenar para sentirnos inocentes, para volver a la fuente, para volver al amor, para olvidarnos que los primeros que nos estamos traicionando somos nosotros por anular nuestra esencia.

Quizá por este motivo existe esta frase tan conocida de  Alejandro Jodorowsky “Lo que te molesta en los demás repáralo en ti, nada ves en los demás que no exista en ti”, pues lo que somos no puede permanecer oculto, el impulso de la vida es mas fuerte que nuestras ganas o necesidad de aprobación social o familiar.

“La vida se abre camino”

“El amor es la energía mas fuerte y verdadera que existe y existirá”

“Estamos hechos de amor y el amor es nuestra fuente”

“El amor es la única energía inagotable del universo y la única que cuanto más es utilizada más crece”

En esa sombra, en ese lugar oculto que nosotros hemos fabricado, en esa oscuridad mortal, humana y a la vez divina se encuentra nuestro potencial, un valor sin limites y sin fronteras que podemos recuperar en gran medida tomando conciencia de quienes somos y de nuestra máscara .

Podemos elegir practicar la “No interferencia” en la vida ajena.

Podemos elegir practicar el respeto a no opinar si no se nos pregunta.

Podemos elegir trabajar en nuestro propio reconocimiento sin condenar el ajeno.

Podemos elegir tratar de ser amorosos con nosotros mismos siendo capaces de no juzgar, así sin mas, “NO JUZGAR”.

Siempre nos falta información sobre lo que nos cuentan y creamos nuestras palabras con arreglo a esa mascara que hemos fabricado para adaptarnos. Nada, y elijo decir nada, es una realidad absoluta, ni lo que nosotros decimos o hacemos, ni tan solo lo que los demás dicen o hacen, pues está sometida a esa máscara y todas las creencias que hemos ido fabricando a lo largo de nuestra vida para sentirnos inocentemente adaptados, reconocidos e integrados en el lugar donde habitamos.

Elegir el perdón hacia nosotros por olvidarnos.

Elegir el respeto hacia nosotros para amarnos.

Elegir aceptar a los demás como son, sin comparaciones.

Elegir cuestionar todos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos, nuestras creencias.

Somos parte de una gran parte que conforma un todo absoluto, somos iguales en esencia y permanencia.

Maku Sirera

 

 

 

 

 

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