Décimo Octavo día de 21 “SIN JUZGAR A LOS DEMÁS”

Maestro ¿Cuál es el secreto de tú serenidad?. Cooperar incondicionalmente con lo inevitable. (Texto Veda)

Es tan fácil convencernos de las palabras de los demás sin ni siquiera comprobar que lo que decimos tiene un sustento en nuestro corazón. Es fácil dejarte llevar por las circunstancias, por los momentos, por los sentimientos que nos generan situaciones que creemos reales y  por tanto afianza nuestra realidad. Perder la cordura en momentos de pánico es tarea fácil.

Perdernos en lo externo pensando que es interno, cuando tan sólo podríamos elegir el significado, la esencia de lo que sentimos que nos hace tener pensamientos de grandeza o empequeñecernos.

Tenemos la capacidad de parar el tiempo en nuestra mente y la habilidad de determinar cual es nuestro verdadero momento, momento de vida. Tenemos infinidad de capacidades humanas que nos distingue de lo individual y nos aporta a la unicidad del todo, del universo, del ser, más allá de ser humanos o no, somos desde la percepción del sentir que se convierte en un pensamiento y nos hace estar en la vida.

En nuestra mente se encuentra la total de la posibilidades de crear un mundo abundante y pleno, una vida completa desde nuestra propia esencia y permanencia.

¿Qué nos alimenta el juicio constante hacia todo lo que nos rodea o a parte del entorno?

¿Quizá es una habilidad la de juzgar o tan sólo un recuerdo de nuestra carencia, de nuestra ausencia?

¿Es el miedo a la vida y a vivir la que nos lleva a juzgar a nuestro prójimo, cuando, si nos desprendemos de la piel, tan sólo queda el alma igual, semejante y parecida a la de todos, al todo?

¿Qué habita en el fondo de nuestro yo?

¿Qué habita en la sombra de nuestro ego, que tanto valor le damos cuando juzgamos?

Quiero pensar, y así lo elijo hoy, que somos más de lo que creemos ser, y esa sombra que existe atrapada en el miedo y nos muestra la oscuridad de nuestro ego, no es más que la inmensidad de nuestra esencia, el alma, el espíritu del universo que pide a gritos salir, mostrarse y vivir sin vergüenzas, sin carencias, sin máscaras… las sombras sustentas las luces, y es en ese lugar donde habita nuestra grandeza más primaria, insolente y tenaz.

Juzgar a los demás envejece esa, nuestra alma, y adormece el espíritu del universo, ese al que todos estamos conectados en permanencia y pertenencia.

Juzgar a los demás nos olvida a nosotros mismos en el recuerdo de lo que fuimos ser y no elegimos ser.

¿Quién conoce la historia de cada individuo?

¿Quién puede asegurar lo que el otro necesita en realidad o verdad?

La historia de la humanidad está llena, repleta y completa de seres humanos que “creían” saber las necesidades del otro en base a sus propios juicios, que en realidad tan sólo eran bases creadas desde sus propias necesidades, intereses y creencias.

Hoy elijo permanecer en la parte de mi sombra que se encuentra existente en mi esencia en el amor, en el no juicio, en la abundancia de que somos parte de un todo, aunque con ello, elija también mi parte oscura, mi sombra, la reconozca y la abrigue desde ese mismo amor que siento por la humanidad, por el todo, por mi.

Hoy elijo permanecer, existir, engrandecer desde el significado de lo que creo ser, cooperando incondicionalmente con lo inevitable y tomando consciencia de que también soy yo y formo parte del amor del espíritu del universo.

Maku Sirera

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