Decimoséptimo día de 21 «EL PERDÓN»

«..Y aquellos que fueron vistos bailando, fueron considerados locos por quienes no podían escuchar la música» Friedrich Nietzsche

Emitimos juicios constantes hacia lo que observamos en los demás. Esos juicios son emitidos desde nuestras experiencias y desde nuestras creencias, conviertiéndolos en verdad absoluta, en humildad falsa y necesidad ajena. Éstos, tan solo hablan de quien los emite.

La mente emite pensamientos que se materializan en palabras y éstos se fabrican en el interior del que habla. Parloteamos desde nuestras creencias y desde nuestro estado egótico, permanecemos en verdades absolutas que tan sólo se basan en nuestra interpretación de las cosas, de los momentos y de las personas y esas interpretaciones, nada tienen que ver con lo que observamos o lo que creemos ver o saber.

¿Qué es lo normal para cada uno de nosotros? ¿Dónde está escrito que las circunstancias sean de este modo o de otro? ¿En qué nos basamos para emitir juicios pequeños o grandes sobre situaciones que ni siquiera conocemos? ¿Cuál es el sustento de nuestros argumentos para defender lo que las personas o las circunstancias son? ¿Sabemos realmente lo que el otro necesita? ¿Somos conocedores de las necesidades de las personas cuando damos consejos que ni siquiera nos piden? ¿Ofrecemos la verdad de nuestros sentimientos cuando miramos a los ojos del otro? ¿Cuál es nuestra teoría? ¿Cuál es nuestra verdad? ¿Es verdad que es verdad? ¿Quién lo dice? ¿En qué se basa? ¿Cuándo transmitimos información, la verificamos? ¿Para qué? ¿Para qué del para qué?

Cuantas preguntas, cuantas respuestas, cuantas incógnitas, cuantas historias, cuentos, metáforas, cuanto de cuanto de tanto….

Cuantos sentimientos regalados en momentos que no proceden. Cuantas palabras emitidas desde un lugar que no es nuestro corazón. Fidelidades en argumentos que no nos pertenecen y sin embargo, sentimos que nos hacen pertenecer a sociedades, clanes, grupos, amistades o parejas.

¿Nos preguntamos porque sí o porque no? ¿Nos cuestionamos nuestras razones o nuestros «haceres» o «quehaceres»? ¿Realmente esos juicios que emitimos son nuestros, salen de nosotros, de nuestra alma, de nuestros corazones?

¿Para qué? ¿Lo necesitamos? ¿Nos lo merecemos? ¿Es productivo emocionalmente? ¿Para qué?

Emitimos juicios hacia los demás para sentirnos inocentes, sin ser conscientes, ni tomar consciencia de que nacemos inocentes. Somos inocentes y es  innecesario condenar a nadie. Condenamos a los demás para sentir nuestra inocencia, Ego nos induce en un sueño oscuro de separación que nos causa sufrimiento gratuito, llevándonos a su ático y manteniéndonos en la superioridad, sin ser conscientes de que todo esto es innecesario.

Se nos olvidó en los primeros años de vida, cuando integramos el adoctrinamiento, el miedo atesorado y el concepto de supervivencia, que somos almas sagradas creadas desde el amor y para el amor. 

«EL JUICIO ES INNECESARIO PARA EXISTIR, YA EXISTIMOS. Y PERTENECEMOS.

EL JUICIO NOS HACE OLVIDAR NUESTRA ESENCIA Y NOS SEPARA DE ELLA»

Hoy, decido cambiar cada juicio por el siguiente enfoque «SOY INOCENTE, ERES INOCENTE. SI NO ME OFRECES AMOR, ME PIDES AMOR, REGALARÉ LUZ EN ESTE INSTANTE. SI NO ME SIENTO CAPAZ, ELIJO EL SILENCIO Y LA PAZ, AHORA»

Maku Sirera Pérez

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